José Luís Rodríguez Zapatero se despidió ayer de la secretaría general del PSOE con un discurso lamentable por su falta de dignidad política y contenido democrático. Sin reconocer sus muy graves errores y responsabilidades que han llevado España a la ruina económica y social, al desprestigio internacional y a la falta de cohesión nacional, y que han conducido a su partido a la mas grave derrota sufrida desde el inicio de la transición tras perder un inmenso poder en las pasadas elecciones nacionales, autonómicas y municipales.
Ni autocrítica ni reconocimiento del daño causado por parte de un ex presidente del Gobierno que nunca debió de estar presente en este congreso como secretario general porque debió de dimitir en la noche del 20-N tras la derrota electoral en compañía de toda la comisión ejecutiva del PSOE. Pero prefirió quedarse para, desde ahí, manipular el aparato del partido y apoyar a Carme Chacón a alcanzar la secretaría general para que le guarde a él las espaldas y a su clan de poder económico y mediático para que se queden con la cuota de poder que le corresponde al PSOE como primer partido de la oposición.
El señor del “talante” se va sin talante democrático y metiendo a todo el PSOE en un espectáculo lamentable, porque el Congreso en vez de protestar y denunciar lo ocurrido aplaudió a Zapatero (y aprobará su terrible gestión y la derrota de todos) haciéndose cómplice de sus destrozos y dando fe de que la gran mayoría de los presentes no eran militantes sino cargos públicos, colocados nacionales, autonómicos y locales, lo que facilitará la victoria de Chacón porque casi todos tienen su obediencia debida a sus jefes regionales. Y la catalana ya cuenta con el apoyo de los jefes de las grandes federaciones de Madrid, Valencia, Cataluña y Andalucía.
Salvo que el voto secreto le anime a algunos de estos obedientes a castigar al zapaterismo, lo que no es fácil de imaginar vistos los aplausos y los abrazos de los protagonistas de tan extraño suicidio colectivo. Y no solo por las trampas de la dirección saliente a favor de Chacón, sino porque Rubalcaba es tan responsable –como Chacón- como Zapatero en los disparates de su Gobierno y del PSOE y no digamos en la derrota electoral del 20-N donde fue el candidato oficial. De ahí que el daño no solo se ha causado a España y al PSOE sino que también alcanza a la vida democrática porque nunca se ha visto que un congreso de un partido aclame al liquidador del propio partido. Salvo que una extraña epidemia de masoquismo y autodestrucción haya invadido a estos delegados que no lo son de la militancia ni de las bases del PSOE sino del aparato central y de los dirigentes regionales.
Del discurso de Zapatero poco se puede decir, salvo que hay que tener muy poca dignidad política para mentir tanto y no pedir las obligadas disculpas a sus compañeros, diciendo simplemente: me equivoque, en casi todo. Pero claro si en él hubiera algo de esa dignidad ya habría dimitido de todos sus cargos el 20-N como lo hemos dicho, pero su objetivo actual es dejar tras de si a Chacón para que le cuide las espaldas en el PSOE y beneficie a su clan de amigotes del poder económico y mediático. Y en eso está y a ello se van a dedicar las próximas horas, mientras Rubalcaba y sus aliados, con González –poco aplaudido- a la cabeza deambulan por el congreso sevillano del PSOE con cara de pocos amigos y como si estuvieran convencidos de que los han metido en una clara encerrona de la que no pueden escapar. La última mala jugada de este Zapatero que, por lo menos, por fin se va.