Nº 772 -  24 / V / 2012 
Síguenos vía RSS
Síguenos en Twitter
Síguenos en Facebook
Portada Sección Nacional Sección Internacional Economía y Finanzas Información Parlamentaria Información Deportiva Información Cultural Información Sociedad y Tecnología Gente y Tendencias República de los Blogs Sección de Opinión
 

OPINIÓN

Zapatero, el ensimismado

Pilar Gassent
 

Si alguien esperaba que José Luis Rodríguez Zapatero respondiera a la gran cuestión a la que debe hacer frente el socialismo del siglo XXI, cómo responder a la tremenda crisis que estamos padeciendo y cómo recuperar la credibilidad ante los ciudadanos profundamente desengañados ante la falta de reacción de la izquierda al avance del neoconservadurismo más salvaje, habrá quedado profundamente desengañado. El expresidente del Gobierno se ha limitado a justificarse ante el plenario del Congreso Federal del PSOE, como si estuviera en una sesión de control del Congreso de los Diputados, y a criticar algunas de las medidas que ha tomado el nuevo Gobierno del PP, como si siguiera siendo el líder de la oposición. Ha reivindicado sus logros y ha ‘tapado’ sus errores con alguna que otra imprecisión histórica, como situar el origen de la crisis de las subprime en 2008, cuando en realidad se produjo a principios de 2007 y a finales de ese mismo año se hizo evidente que su contagio a Europa era imparable. Entonces, tanto él como su Gobierno se empecinaban en negar la crisis.

Lo cierto es que no fue hasta dos años después, en 2010, cuando se decidió a admitir que la crisis era cierta pero no tomó medidas hasta que Bruselas le amenazó en la dramática reunión del Ecofin que se desarrolló en la noche del 8 al 9 de mayo, a través de su vicepresidenta Elena Salgado. La propia Salgado ha corregido algunas versiones que han circulado sobre el desarrollo de ese cónclave de los ministros de Economía y Finanzas, como la que presenta a la entonces ministra francesa Christine Lagarde conminándola a no participar si no estaba dispuesta a cambiar el rumbo de su política económica. Otras fuentes aseguran que ese Ecofin le costó a la vicepresidenta una llantina. Sea cierta o no -real como la vida misma o novelada- esta última versión de los hechos que desembocaron en un giro radical del Gobierno de Zapatero y en la adopción de su primer ajuste duro, no era para menos. En ese momento, los españoles ya acusábamos la crisis y la inacción de nuestros gobernantes.

Este viernes, Zapatero ha despachado la autocrítica de un plumazo: “Hemos ejercido la autocrítica necesaria pero hay que recordar hechos y decisiones”. (…) “En 2008 se desencadena una de las crisis económicas y financieras más graves desde la Gran Depresión”, ha dicho y se ha preguntado si, de no haberse producido la crisis en Wall Street, se hubiera producido la crisis tan grave que ha conducido a España a la actual situación. Él mismo se ha respondido: “Probablemente no”. Y ha continuado: “Si no se hubiera producido la crisis griega en abril de 2010, ¿hubiera tenido que adoptar las medidas tan duras que tuve que tomar?”. Pues sí, le respondo yo y no precisamente porque me gustaran los recortes. Los motivos los ha dado él mismo: “debilidades de la economía española derivadas del endeudamiento privado y del modelo productivo”, es decir, problemas endémicos que venían de mucho tiempo atrás y que nadie, incluido el a la sazón presidente del Gobierno, se había atrevido a atajar. La pregunta que Zapatero ha obviado es por qué no hizo nada para evitar que se llegara a un estado de cosas en el que el ‘ajuste duro’ era la única solución posible e irreversible. Sobre todo, teniendo tan claro el diagnóstico.

Que el mundo en el que vivimos es global y que la economía adolece, para bien o para mal, de esa globalidad es un hecho incontestable. Pero que un político se refugie en esa evidencia para eludir sus propias obligaciones con los ciudadanos a los que gobierna y con el partido al que ha dejado bajo mínimos suena a exhibición de cinismo y de cara dura.

“España necesita recuperar ideales colectivos”, ha dicho y estoy totalmente de acuerdo. ¿Por qué entonces no se ha promovido un debate serio en el socialismo español para dar una respuesta a la crisis desde una visión genuina de izquierdas? ¿Por qué se ha evitado por todos los medios que los dos candidatos en liza para suceder a Zapatero tuvieran que debatir sobre sus ideas para recuperar el terreno perdido por el PSOE sin distraerse con luchas fratricidas por el control del aparato del partido? ¿Por qué cuando se presume de ser el partido más democrático del país se cierra la boca a la militancia y se canalizan los procesos internos para diseñar el futuro a través de organizaciones territoriales que están volcadas en defender sus propios intereses? ¿Por qué sigue primando el ‘quítate tú que me pongo yo’ que ya sabré agradecer a los míos los favores prestados?

Tras doce años de liderazgo en el partido y ocho al frente del Ejecutivo, Zapatero sigue ensimismado. Si su informe de gestión (largamente aplaudido por los delegados según nos cuentan las crónicas) es una muestra de toda la reflexión y de toda la autocrítica a la que está dispuesto a someterse el PSOE, no cabe duda de que estamos ante un congreso fallido y ante el principio de una pendiente aún más pronunciada para el socialismo español de lo que nos temíamos. Una pena.

 

LunMarMieJueVieSabDom
123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031
Portada Republica.com

Portada

Portada Republica.com

Siguenos en:

Canal RSS Republica.es
Facebook
FlickR
Twitter
LinkedIn
Separador

Contacto y direcciones de Republica.com Todos los derechos reservados © 2012

Portada Republica.com
Republica.com