Nº 772 -  24 / V / 2012 
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OPINIÓN

Otro mapa para la banca: menos y más grandes

Fernando Glez. Urbaneja
 

Pasados unos meses, pocos meses, el mapa de bancos y cajas españolas será distinto, no le va a conocer ni las madres que les parieron; solo sabemos que quedarán menos entidades y más grandes, y que no van a aparecer nuevos jugadores; el mercado está atiborrado, necesitado de ajustes de balances, de estructuras, de costes, de retribuciones y de esa creatividad que en vez de polinizar (desdichada figura que utilizó en los tiempos alegres Greenspan para defender la libre oferta de productos financieros complejos) destruye.

El viernes el Gobierno alumbrará su proyecto de reforma y consolidación del sector, fundamentalmente de cajas de ahorro, que abrirá un nuevo y decisivo proceso de fusiones aceleradas para dibujar un nuevo mapa, el precipitado de una crisis financiera que ocupará un capítulo potente en los futuros libros de historia.

La anterior crisis, la de los últimos setenta-primeros ochenta marcó un antes y un después, arrastró a más cincuenta bancos (casi la mitad del censo) que acumulaban una cuarta parte de los activos financieros. Aquella crisis, finalmente, empujó a los ocho grandes bancos para resumirse en dos y medio: Banesto, Central, Hispano y Santander a un lado y Bilbao, Vizcaya y Exterior al otro, con el Popular en medio, limitado a una cuota no sistémica, a otra división.

De los demás bancos apenas queda nada: dos medianos con pretensiones, el engordado Sabadell y el Popular. Y al fondo Bankinter y March que van a su bola, y dos europeos, Deutsche y Barclays, que hacen lo que pueden, que no es mucho. Y respecto a las cajas, del medio centenar que entró en la crisis ya no queda ni docena y media, la mayor parte convertida en banco convencional, con vocación de que, finalmente, no lleguen a la decena. Así que el sector se va a quedar en media docena de competidores en el mercado local, casi todos ellos con presencia internacional más o menos intensa, y otra media docena de entidades más especializadas, locales, de nicho.

El Gobierno no ha querido comprometer recursos públicos en este proceso, aunque la opción de que sea el propio sector el que dedique sus beneficios posibles a saneamientos y restructuración está renunciando a recaudación. La tesis de las entidades razonablemente gestionadas es que las mal gestionadas deben desaparecer, pagar los platos rotos, y que a partir de ese reconocimiento pueden plantearse rescates, para evitar males mayores.

Un factor clave en este nuevo proceso que se abre es que sea rápido, que sea profundo y que sea decisivo. Aquí valen algunas de las nuevas reglas de estrategia militar: fuerza abrumadora que resuelva el problema en el menor tiempo posible. A más tiempo, a más intentos fallidos, más coste y menos probabilidades de éxito.

fgu@apmadrid.es

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