Los expertos en europeísmo han detectado últimamente una sed creciente de algunas instancias comunitarias o de países del primer nivel (léase, sobre todo, Alemania) de meter las narices en los asuntos, en principio “internos” y salvaguardados por eso que se debería considerar como la inviolable “soberanía nacional”, que atañen a la gobernación, sobre todo económica, de los países miembros. Hasta ahora se trataba solamente de una especie de principio de buenas intenciones que se enunciaba mediante afirmaciones tales como “mejorar el grado de gobernanza económica” de la zona euro, tratando de ayudar a los descarriados que, como Grecia, se endeudan hasta las cejas y no saben cómo salir del atolladero, aunque luego tengamos que pagar a escote todos los europeos la factura. Algunos más que otros, por cierto, y entre los que más, naturalmente Alemania, a cuya chequera mira todo el mundo cuando se reclaman cotas de solidaridad.
En las últimas semanas, el asunto ha ido progresivamente a más. Una de las últimas propuestas escuchadas estos días en medios comunitarios es la que atañe a la reforma laboral española, vista la dificultad que tiene Rajoy de ponerla en marcha ante el temor a una explosión social de la que los líderes sindicales no dejan de echar mano cuando lo pide el guión. Se ha comentado estos días que Bruselas podría mandar a España a un ejército de expertos en empleo, sobre todo juvenil, para ayudarnos a remediar el pavoroso asunto del paro entre los jóvenes.
Era inevitable que las proposiciones teóricas pasasen al terreno de los hechos y de las propuestas concretas. Un primer golpe de efecto lo acaban de dar los griegos, que se han quejado airadamente de las pretensiones de Bruselas de colocar una especie de “comisarios” con mando en plaza para revisar y supervisar y, en su caso, bloquear las decisiones de las autoridades griegas cuando pongan en peligro la buena marcha de su economía.
Razones para esta intromisión posiblemente hay muchas, no en vano las autoridades de Grecia se han acreditado como malos gestores económicos a la par que ingeniosos artífices de la contabilidad creativa para hacer creer a los funcionarios de Bruselas que la de Grecia era una economía saneada y no un queso gruyere como ha resultado ser, tal que ahora mismo se discute una “quita” del entorno a los 150.000 millones de euros para que este país pueda pagar su deuda externa pública ya que con la totalidad de la deuda es imposible que ni muchas generaciones de griegos puedan afrontar semejante reto. La deuda griega ya supera dos veces el PIB del país, lo que significa que si dedicasen los griegos toda su producción anual a devolver deudas, estarían dos años sin hacer otra cosa, lo que es manifiestamente imposible, además de inhumano.
Pero de lo que se trata ahora es de evitar que el asunto se reproduzca. Es curioso que ante la pretensión de Bruselas de intervenir las cuentas y vigilar estrechamente a los contables griegos, la totalidad del país, empezando por el antiguo primer ministro causante de los últimos desvaríos, el famoso Papandreu, haya reaccionado con ira viendo violentada su soberanía nacional cuando media Europa está lamentando haber prestado un día dinero a Grecia que ahora difícilmente va a recuperar ni siquiera en un 50%. Una corriente emocional de indignación ha recorrido toda la sociedad griega como si todos a una se hubieran identificado con los malos gestores que han llevado al país a la ruina.
Este tipo de situaciones puede empezar a proliferar en los próximos meses y desde luego si va para adelante la pretensión esa, tan aireada y con la que todo el mundo parece estar de acuerdo en el plano teórico, de reforzar la “gobernanza económica” de la zona euro. Quizás muy pocos sepan de qué se trata realmente, pero qué duda cabe que esa “gobernanza” pasa por poner en común no solo el diseño sino la aplicación garantizada de las políticas comunitarias. De hecho, ya tenemos una moneda única, un Banco Central Europeo único, una política monetaria única y unos tipos de interés más o menos únicos, aunque por lo que hemos visto en el último año no tan únicos. En caso contrario no existiría eso que se llama la “prima de riesgo”, es decir, la diferencia de tipos de interés de mercado entre Alemania y Portugal (15 puntos de interés este lunes) o entre Alemania y España (3,26 puntos de interés también hoy lunes),… Ese termómetro que castiga a los malos y premia a los buenos.