Nº 1631 -  30 / IX / 2014 
Síguenos vía RSS
Síguenos en Twitter
Síguenos en Facebook
Portada República de los Blogs Sección Nacional Sección Internacional Economía y Finanzas Información Deportiva Información Parlamentaria Información Cultural Información Sociedad y Tecnología Gente y Tendencias
 

OPINIÓN

Italia nave sin piloto

Javier Pérez Pellón
 

¡Ahí serva Italia , di dolore ostello
nave sanza cocchiere in gran tempesta
non donna di province, ma bordello!
Dante Alighieri, “La divina Comedia”. “El Purgatorio, Canto VI.
(¡Ay sierva Italia, albergue de dolor
nave sin piloto en medio de una gran tempestad
ya no más Señora ejemplar de enteras naciones, sino burdel!)

Hace ya setecientos años que Dante, – se calcula que era hacia el 1315 cuando escribió el Purgatorio de su “Divina Comedia – , se sirvió de una metáfora marítima para hablar de Italia. También hoy una nave puede servir de metáfora para este país y para sus dificultades. Se trata, naturalmente, del “Concordia” abandonada por su capitán, o sea el “nocchiere”, el piloto, encallada, con el peligro de desaparecer bajo las aguas de un bellísimo trozo de paisaje de la costa italiana.

Tal reflexión, como he leído hace un par de días en un comentario del diario turinés “La Stampa”, debe partir de la sociedad propietaria, la Costa crocere, casi una síntesis de los éxitos y las debilidades del capitalismo italiano. La fundación de la Costa crociere es del 1854, siete años antes de la Unidad italiana (1861) y, desde entonces, la familia Costa ha tenido siempre puestos de primera categoría en la historia empresarial italiana”. En épocas muy cercanas a nosotros, Angelo Costa, por ejemplo, ha sido un líder histórico de los industriales italianos llegando a ser presidente de la Cofindustria (el equivalente italiano de la CEOE española) durante 14 años, en dos distintos períodos de los años 60, los que coincidieron con el tiempo del llamado “milagro económico”, el resurgimiento italiano después de los desastres provocados por su derrota en la Segunda Guerra Mundial.

La Costa Crociere es una de las primeras grandes empresas italianas que han experimentado las oportunidades y las implacables leyes del capitalismo global, al mismo tiempo que las dificultades de esas para adaptase a las nuevas situaciones financieras del mercado internacional. En estas condiciones el episodio que se está desarrollando de frente a la isla del Giglio, se configura como el ejemplo del mal oscuro del capitalismo italiano, o sea de la forma de gobernar la nave Italia. La investigaciones en curso han descubierto que la famosa “caja negra” no funcionaba, que el sistema radar era obsoleto y al borde de dejar de ser operativo, que, quizás había clandestinos “polizones” a bordo, como si fuera el barco que conduce a Chaplin hacia América en “La quimera del oro”; un barco que navegaba demasiado veloz en unas aguas donde no debería encontrarse, con un puente de mando lleno de gente que no debería estar allí. Es decir, pone en solfa, en toda su desnuda realidad, una difusa atmósfera de anarquía facilona, una constante desobediencia de las reglas más fundamentales.

La Concordia guarda en sus entrañas varios miles de toneladas de carburante y de otros productos tóxicos que si reventaran sus depósitos o la nave se deslizase hacia el fondo del mar, provocaría un inmenso daño ambiental en zonas de una costa que se cuentan entre las más bellas del Mediterráneo.

La “nave Italia” esconde en sus entrañas una deuda de unos cuantos miles de millones de euros que, en caso de turbulencia financiera podría contagiar los sistemas de las finanzas europeas y globales en el caso de que este país no consiguiera deshacerse de su vastísima deuda pública, hoy refinanciable a tasas de interés muy elevadas.

El resultado es una nave inclinada, con el peligro de hundirse, en un país inclinado, a un paso del hundimiento, en una Europa inclinada y a punto del naufragio.

Por una casualidad del destino el nombre de “Concordia”, lo recibió el día de su bautismo en el mar, hace apenas cinco años y medio, en señal de homenaje a la nueva Europa donde Estados, siempre en discordia, los unos contra los otros, trataban de ponerse de acuerdo. Tanto que a cada uno de sus trece puentes se le había dado el nombre de un Estado europeo.

Parece que Italia tenga el don de meterse en líos espectaculares. Bien es verdad que no es el único país europeo en tener problemas, en estos últimos tiempos. Al revés, esto de hablar de nuestros problemas comunes parece ser una especie de juego de sociedad muy divertido, muy difundido y muy popular. Lo que sucede es que todos estos desbarajustes, cuando llegan al sur de los Alpes, a este país “donde florecen los limoneros” (Gohete), producen una perfecta imagen para ser reproducida en primera página en los periódicos de todo el mundo. En tiempo muy reciente, primero han sido las toneladas de basuras malolientes, muchas de ellas, recién incendiadas, con sus nubes de humo irrespirables; después las muchachas, bronceadas, alegres y ligeras de ropa, rodeando a ese Don Juan nacional de cartón piedra, Silvio Berlusconi. Y, ahora, las imágenes impresionantes de una inmensa nave de crucero vacacional, exánime sobre la playa, como una gigantesca ballena blanca, a pocos metros de una isla de Toscana.

Existen cosas, en el desastre del “Concordia”, de las cuales se puede aprender para conocer mejor Italia. El comportamiento del comandante, Francesco Schettino, que quería presumir y complacer a un amigo, el “chef” Antonello Tievoli, que habita en la isla, haciendo una arriesgada maniobra en aguas muy pocas profundas, con más de 4.000 personas a bordo, haciendo sonar las sirenas, bajo el brillo cegador todas sus luces encendidas, forman parte del arquetipo del italiano que ha caído, una vez más, en la trampa chulesca de hacer “bella figura”, de quedar bien. Existe una cierta tendencia teatral en este país que, puede ser, forme parte del atractivo de su particular idiosincrasia y esto es, ni más ni menos, que es el origen de no pocos de sus muchos problemas.

La nave “Concordia” es toda una metáfora de la cual extraer conclusiones para la comprensión de la nave Italia. En Italia, a la inversa que en otros países, como Grecia, que tienen la tragedia o como España que gustan del drama, tiene el melodrama, la ópera. El público sabe perfectamente cuando ha llegado el momento de dar entrada a la soprano o al tenor para, al final, aunque sea entre sollozos, todos acaben cantando.

Sólo así se comprende, para quien conoce un poco este país, el porqué los italianos han aceptado, en general, sin grandes alborotos, las medidas de austeridad implantadas por el nuevo gobierno de la nación, aún siendo conscientes que penalizan, sobre todo, la casa y las pensiones.

Dante Alighieri continúa narrando los males de Italia en el “Canto VI” del Purgatorio de “La Divina Comedia”.

“Quel anima gentil fu così presta
sol per lo dolce suon de la sua terra
che fare al citadin suo quivi festa
e ora in te non stano sanza guerra
li vivi tuoi , e l’un l’altro si rode
di quei ch’un muro e una fossa serra…”
(Aquella ánima gentil festeja enseguida
a su conciudadano, sólo al nombrar su tierra;
y en Italia, se masacran entre si los habitantes
de la misma ciudad, cerrada entre fosas y murallas,
con sus ciudadanos siempre en lucha y oposición
los unos contra los otros)

Hay quien ha querido interpretar estos versos del Capítulo VI del Purgatorio dantesco en referencia a los hombres de la Tierra, habitantes de una misma ciudad divididos por confines y barreras y de hermanos que se han convertido en enemigos.

Opinión

Fernando Glez. Urbaneja

Marcello

Primo González

Juan Chicharro

Mónica Fernández-Aceytuno

Javier Pérez Pellón

Julián García Candau

Más Opinión
Traducir artículo
LunMarMieJueVieSabDom
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930
Portada Republica.com

Portada

Portada Republica.com

Siguenos en:

Canal RSS Republica.es
Facebook
FlickR
Twitter
LinkedIn
Separador

Aviso legal y contacto | Quiénes somos | Todos los derechos reservados © 2014

Portada Republica.com
Republica.com