Pep Guardiola tenía razón cuando afirmaba que no había que fiarse del Real Madrid. Su equipo pasó la eliminatoria, pero con mayor sufrimiento que nunca. Entre dos equipos tan parejos no puede hablarse casi nunca de favoritismo. El entrenador barcelonista fue discreto, correcto y con buen talante en la conferencia de prensa previa al partido. José Mourinho volvió donde suele y fue áspero, antipático, prepotente caustico en las respuesta a preguntas de los periodistas. Pero fue menos conservador que otras veces al plantear el encuentro.
Guardiola avisó de que la eliminatoria aún estaba en el aire y no se equivocó. Los jugadores le quitaron la razón a Mourinho respecto de las ideas que ha mantenido hasta ahora cada vez que se ha enfrentado al Barça. Con buenos jugadores en el campo y una alineación sensata el Barça sufrió para mantener la ventaja. Con el empate estuvo en un tris de sufrir la eliminación en su campo. El Madrid no necesita músculo para ganar.
Hablar de fútbol fue cosa de los jugadores. Previamente Guardiola había pedido a la masa que se comportara deportivamente aunque apareciera en el césped Pepe. No quería que se repitiera lo sucedido cuando compareció por vez primera, tras su deserción, Luis Figo. La presencia del bronquista Pepe no fue causa de escándalo. La gente no respondió violentamente.
El Madrid tuvo más la pelota, presionó y desactivó al Barça. Xavi no intervino con la precisión de otras veces. Iniesta, lesionado, no pudo sumar la efectividad habitual. Messi tardó en aparecer y cuando lo hizo se atrajo a cuatro defensas y regaló el gol a Pedro. El fulminante remate de Alves dejó la primera mitad con notable ventaja barcelonista.
La segunda parte tuvo un Barça que pareció conformarse con el resultado y el Madrid se envalentonó y se hizo dueño del balón. El equipo tuvo en el campo más jugadores de creación que en la confrontación del Bernabéu y fue la causa de su mejora. En casa se equivocó el entrenador. En el Camp Nou la calidad se impuso a su teoría sobre el cuerpo a cuerpo.
El Madrid demostró que con una alineación sensata puede no sólo tutear al Barça, sino que, además le puede ganar. Los goles de Cristiano y Benzema dieron una emoción inesperada a la eliminatoria. Se vio el mejor Madrid de la época de Mourinho y el peor Barça de Guardiola en este tipo de partidos.