El tira y afloja del Gobierno español con las autoridades comunitarias para suavizar en alguna medida los objetivos de déficit público no le está saliendo nada bien al equipo que comanda Mariano Rajoy. En Bruselas, más o menos, le han dado con la puerta en las narices y han dicho a Guindos que los objetivos ya suavizados en el año 2009 (cuando en la Comisión mandaba más Almunia) han de cumplirse. Es más, han recordado que lo importante ahora es aprobar cuanto antes la reforma laboral, de ahí las prisas de Cospedal para anticipar alguna novedad importante este viernes que viene y los acuerdos con nocturnidad de los agentes sociales para pactar unos aumentos salariales raquíticos, como corresponde al estado de la economía.
El acuerdo sobre aumentos salariales parecía más un tira y afloja para ver quién se salía con la suya, si los que pregonaban la congelación a dos o tres años y los que pretendían por encima de todo mostrar el éxito de su gestión negociadora firmando una subida, por pequeña que fuere, del 0,5% al final. Pero, ¿hay alguna diferencia entre la congelación y el 0,5% de aumento? Cualquier ama de casa sabe que discutir este asunto es poco serio. Un mileurista sale ganando 5 euros más y un dosmileurista 10 euros. Parece un juego de niños.
Lo que realmente espera la comunidad económica y financiera internacional y los organismos internacionales es una reforma laboral como es debido, que entre a fondo en las rigideces seculares del mercado laboral español. Y eso parece que está muy lejos de ser plasmado en los acuerdos finales que a toda prisa se están negociando estos días. Lo importante de la reforma laboral es que permita desatascar la rudeza de la legislación española y erradicar algunos de los usos y costumbres que tanto perjudican al empleo en España. Si el acuerdo o los acuerdos que se firmen no pasan la prueba de la credibilidad internacional, estamos perdidos. Ese es posiblemente el nudo gordiano de la actual situación económica española vista por los organismos internacionales y por los mercados, más que el asunto concreto de uno o dos puntos más de déficit sobre PIB. Y ese es el mensaje que les han transmitido este martes a los representantes españoles en la última reunión del Eurogrupo. Aún así, la batalla del déficit público sigue viva y está también en toda su intensidad.
Para mayor escándalo, el FMI, que ya salió con unas previsiones de caída del PIB del 1,7% para este año, las acaba de hacer oficiales este martes, completándolas con otro dato verdaderamente preocupante y serio, el de que el déficit público alcanzará el 6,8% del PIB. Es decir, más de dos puntos sobre el 4,4% que en principio era la meta que nos habían impuesto y que el titular de Hacienda, Montoro, confesó hace pocos días que era poco probable que se alcanzara. Las rectificaciones posteriores de Sáenz de Santamaría no han servido más que para acallar la apariencia de diferencias internas en el Gobierno.
En realidad, a estas alturas las diferencias entre Montoro y De Guindos pueden pasar a ser cosa menor, ya que pocos creen seriamente que España pueda pasar de un déficit del 8,1% en el año 2011 al 4,4% en el año 2012 mientras la economía pasa de crecer muy poco en el año 2011 a caer un 1,7% el año próximo. El pronóstico del 1,7% de retroceso lanzado por el FMI es el más negativo de los pocos que han aparecido hasta la fecha, pero no dista mucho del que este lunes sacó a relucir el Banco de España (un 1,5% de caída), al que se le supone más capacidad de acierto cuando se trata de anticipar cifras de la previsible evolución económica española. El Banco de España no ha dicho nada de previsiones de déficit para el año 2012, lo que se puede interpretar como un silencio piadoso para no poner más nerviosos a los ministros económicos de Rajoy o quizás como un gesto de sensatez, ya que el déficit no es algo automático que se sitúa allá donde las circunstancias y el destino lo llevan.
Es, por el contrario, la resultante de decisiones presupuestarias adoptadas previamente para que se cumplan en una economía que tiene su propia dinámica. Es por eso que en la reunión de estos días en Bruselas, a España se le ha pedido la urgente aprobación de una reforma laboral creíble y, además, un Presupuesto Público para el año 2012 también creíble y ajustado a las nuevas variables económicas. Hay que tener en cuenta que España es el único país europeo entre los grandes que aún está funcionando con un Presupuesto prorrogado, del año pasado. Y en Bruselas lo quieren tener sobre la mesa cuanto antes, antes de conceder cualquier prórroga para ver si nos dan más tiempo para alcanzar el equilibrio presupuestario.