El debate sobre si hay que respetar los plazos iniciales en los duros ajustes fiscales en la zona euro, aún a costa de empeorar las previsiones de crecimiento económico, o por el contrario hay que alargar un poco, se habla de un año, el calendario del ajuste, es ahora mismo una de las disquisiciones más extendidas entre analistas y políticos. En el caso de España, los políticos juegan un papel esencial por diversas razones, pero una de ellas porque con una tasa de paro por encima del 20% y más de 5 millones de personas en paro, ningún otro país presenta riesgos de desestabilización social tan graves como el nuestro.
Ya están en marcha los dispositivos diplomáticos y políticos para suavizar la intensidad del ajuste porque la búsqueda de alguna política de crecimiento no ha dado resultado alguno,, entre otras cosas porque España tiene en estos momentos al sector público maniatado en cuanto a su contribución a las políticas anticíclicas y porque, para acabar de estropearlo, el nivel de ajuste aún no ha dicho su última palabra y quedan unos cuantos miles de millones por poner en la lista de las tareas imposibles. El sector público va a tener en los próximos dos años un papel posiblemente raquítico, como pocas veces lo habrá presenciado nuestra política económica, ya que numeroas tareas propias del Estado de Bienestar han quedado reducidas a la mínima expresión.
Entre tanto, se van afinando un poco las previsiones económicas para el año 2012 y, de paso, también para 2013. El Banco de España acaba de poner las suyas sobre la mesa y suponen un cambio bastante brusco sobre lo que se suponía hasta ahora. De entrada, el año 2012 ofrecerá un descenso de la producción global de la economía del 1,5%, muy lejos de las cifras incluso positivas que hasta hace poco manejaba la mayor parte de los analistas.
Muchas de las previsiones, la mayoría, proceden de hace apenas uno o dos meses y aún no ha dado tiempo para revisarlas y ponerlas al día. El FMI ha avanzado días atrás un descenso del PIB del 1,7% e incluso una caída que se prolongará hasta el año 2013, aunque en tono menor. Los demás analistas y servicios de estudios irán dando a conocer en las próximas semanas sus pronósticos. La publicación de tanta cifra negativa va a contribuir a deprimir un poco más las expectativas de futuro de millones de españoles, lo que ya de por sí es un dato que alimentará nuevos retrocesos en la evolución de algunas magnitudes, como la demanda interna y el consumo o la inversión de los particulares en bienes de consumo duradero.
El Banco de España ha avanzado una caída del PIB del 1,5% este año de 2012 y una leve subida del 0,3% para el año siguiente. Esta última es como decir nada, ya que la economía española, por su estructura peculiar y por la organización del mercado de trabajo, no suele crear empleo más que cuanto el PIB sube por encima del 3% anual, perspectiva desde luego muy lejana. Ya nadie se atreve a decir cuándo va a cambiar el signo del empleo, es decir, cuando terminará de bajar y empezará a incrementarse. O sea, cuando dejará de crecer el número de parados, que ya se anticipa terrorífico, por encima del 23% de la población activa, nada que ver con la media de los países europeos de nuestro entorno.
En estas condiciones, el estado de la economía española merecería un examen a fondo por parte de los organismos comunitarios para diseñar de nuevo el calendario de búsqueda del equilibrio presupuestario. En el Gobierno parece haber división de opiniones, pero la dura realidad está imponiéndose y lo que se prevía que podría ser un final de ciclo bastante malo en el año 2012 parece que se va a dilatar al menos un año más.