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El suicidio del PSOE

Publicado el 22-01-2012

Tras la dimisión de Joaquín Almunia, después de su fracaso en los comicios legislativos del 2.000 (125 diputados), los socialistas tuvieron que elegir un nuevo secretario general para el partido. Se enfrentaron con la pretensión de conseguir el puesto José Bono, Matilde Fernández y José Luis Rodríguez Zapatero. El de León obtuvo nueve votos más que el de La Mancha, 414, y así, después de cuatro años en la oposición, llegó a presidente del Gobierno de España. Durante los últimos siete años y pico ha demostrado, además de un raro entendimiento de la Historia, una gran incapacidad para marcar el rumbo de la Nación y evitar, en todo o en parte, muchas de las crisis y problemas que se acumulan sobre nosotros. No es fácil entender el fenómeno; pero con la elección de Zapatero, sustentada en el deseo de que no fuera Bono el elegido, el PSOE hizo todo un intento de suicidio político.

Ahora volvemos a las mismas. Salvo que se materialice alguna nueva candidatura, lo que no se vislumbra en el horizonte, los socialistas tendrán que elegir en su próximo Congreso entre Alfredo Pérez- Rubalcaba y Carme Chacón. Eso, según me comentaba estos días un respetable y veterano socialista, es como dilucidar si es más eficaz suicidarse con una pistola o hacerlo con un revólver.

Cuando, arrollado por la corrupción y el crimen de Estado, el PSOE tuvo que renunciar a Felipe González en su cabecera de cartel no tuvo la sensatez del sosiego y, palo de ciego va y palo de ciego viene, llegaron al zapaterismo en aplicación de la funesta doctrina del “mal menor”. Pues el mal ya no es menor, sino gigantesco.

El relevo de Zapatero, que es de lo que se trata, debiera pretender un ejercicio de limpieza capaz de recuperar para el decano de los partidos políticos españoles la confianza que, sin demasiada justificación, siempre obtuvo de la ciudadanía. ¿Eso es posible cuando los presuntos herederos son parte de la catástrofe generada por el testador?

Si se busca en el fondo, la única diferencia entre Rubalcaba y Chacón está en la edad. El ex vicepresidente del Gobierno de Zapatero tiene años suficientes para poder ser el padre de la ex ministra de Defensa. Por lo demás, ambos son típicos especimenes del aparato partidista. Su obra, más bien mínima, se circunscribe a su militancia y, con la ventaja que dan veinte años más de servicio, gana Rubalcaba; pero, previsiblemente y a poco que no defraude en demasía, Mariano Rajoy estará ocho años en La Moncloa. Para entonces, una candidata a La Moncloa cincuentona parece más apta que uno septuagenario.

Cuando, como nos ocurre aquí y ahora, los grandes partidos políticos viven una crisis y están en la oposición tienden a cerrar filas. Es una maniobra defensiva más próxima al mantenimiento del empleo que al interés de servir a la Nación. En el caso presente, los socialistas han manifestado su cansancio antes de ponerse en marcha y han reducido a dos nombres viejos, contaminados por el fracaso del pasado, su oportunidad de futuro. Es algo de difícil explicación y entendimiento imposible.

A mayor abundamiento, se da el caso de que la candidata Chacón ni siquiera es, en puridad, militante del PSOE, como lo es Rubalcaba. La de Esplugas de Llobregat es militante, y notoria, del PSC. Después de Zapatero y sus delirios estatutarios al servicio del tripartito de José Montilla, esa no es una distancia pequeña. El daño que el todavía secretario general del PSOE le hizo a la Nación corre parejas con el que arruinó al socialismo, dividiéndole en franquicias de difícil recomposición unitaria.

Cuando lleguen al Congreso, los socialistas tendrán que elegir entre darse un tiro de revólver o uno de pistola. No entiendo mucho, más bien nada, de armas y balística; pero supongo que, a los efectos forenses, se trata de una misma cosa.


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