Sin mencionarle ni una sola vez, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría le ha puesto los puntos sobre las íes al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, a lo largo y a lo ancho de toda la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Como suele ser habitual, la portavoz del Ejecutivo ha empezado la comparecencia dando cuenta de los nombramientos, trámite que suele ventilarse en un par de minutos y más en el caso de Sáenz, que si por algo se caracteriza es por una notable facilidad de palabra. Ese es el tiempo que ha tardado en desmentir que haya alguna duda sobre el cumplimiento del objetivo del déficit del 4,4% que se ha fijado el Gobierno de Rajoy y en el que se basan todas sus previsiones de reformas estructurales -la laboral y la financiera- y el catálogo de exigencias que habrá que determinar en la Ley de Estabilidad para las Comunidades Autónomas.
Pues bien, cuando se le ha preguntado por esas sanciones y sin que nadie se lo pidiera -la periodista que la ha interpelado no ha hecho la más mínima referencia al ‘castigo penal’ para los gestores que no cumplan el déficit del que también habló Montoro esta semana- la vicepresidenta ha sacado el tema a colación para recordar que la ley ya contempla un cuadro de infracciones con sus correspondientes sanciones en el ámbito administrativo, que pasan a pertenecer a la esfera de lo penal en los casos más graves, y que “para intensificar y fortalecer” las medidas que ya existen es preciso delimitar previamente las obligaciones de los gestores. Todo ello se hará a través de la Ley de Transparencia y de la Ley de Buen Gobierno. Otra cosa exigiría una reforma del Código Penal que, por otra parte, habría que acometer a través de una Ley Orgánica.
Esta ha sido la semana de Cristóbal Montoro, que se confesaba ‘exultante’ al término de la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera que se celebró el martes y que, a lomos de ese entusiasmo, lanzó el miércoles a través de las ondas radiofónicas su controvertido anuncio: se perseguirá penalmente a los infractores del déficit. El ‘petardazo’ se fue desinflando a medida que pasaban las horas ante la evidencia de que la propuesta carecía de base para prosperar.
Pero peor aún ha sido la declaración del ministro al Financial Times Deutchland sobre la previsión de incumplimiento del déficit al que España se ha comprometido este año. Una declaración que echa por tierra los esfuerzos del actual Gobierno para ganar credibilidad y solvencia ante las instancias europeas y ante los organismos internacionales que tan sombríos se muestran al predecir nuestro futuro sin necesidad de que nadie les eche una mano. Una declaración que no ayuda en nada a restablecer la confianza en la economía española y que solo cabe atribuir a un “exceso de locuacidad del ministro de Hacienda”, el mismo que se le reprochó a su colega, el ministro de Economía y Competitividad, cuando anunció, primero, que el déficit de 2011 sobrepasaría el 8% y, después, que habría un control previo del presupuesto de las comunidades.
Entonces, fue Montoro quien matizó a Luis de Guindos asegurando que se estaba trabajando con una previsión de déficit del 8% y prometiendo respeto a la autonomía financiera. Este viernes, por cierto, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría tampoco se ha querido ‘mojar’ cuando se le ha preguntado por la defensa que ha hecho De Guindos en The Wall Street Journal del contrato único. La portavoz se ha limitado a señalar que la reforma “simplificará” el número de contratos. Y ha lanzado otro pequeño dardo al titular de Economía cuando ha añadido que “por desgracia”, la realidad es que en España ya existe un contrato único, el temporal, pues, según ha denunciado, es prácticamente el único que se hace desde que el Gobierno socialista eliminó el límite al encadenamiento de contratos temporales.
Ardua tarea la que le espera a la vicepresidenta si, además de las muchas funciones que le ha encomendado Mariano Rajoy, tiene que dedicarse a sujetar la verborrea de sus ministros. Especialmente los del área económica que, mira por dónde, es ahora mismo la más delicada, la más expuesta a los vaivenes del susceptible ‘dios Mercado’.