Nº 772 -  24 / V / 2012 
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OPINIÓN

Lengua viva, lenguas muertas

Daniel Martín
 

Algunos expertos afirman que ya en la antigua Roma era habitual el uso de abreviaturas en los mensajes populares. Como en los actuales “mensajitos” que, para ahorrar espacio, inundan móviles, tabletas y tuits. Aunque algunas personas apenas sepan leer o escribir, son capaces de cifrar y descifrar mensajes que resultan ininteligibles para el común de los mortales. Jamás se había visto tamaña capacidad para variar el idioma y adaptarlo a una nueva necesidad, en este caso la digital-internáutica.

Mientras el idioma español, el vivo, el que se usa, está sumido en un colosal proceso de cambio, los académicos continúan dando la espalda a la lengua real para sumergirse en su cientificismo incomprensible que les permite apropiarse de lo que es de todos. Acaban de publicar el tercer volumen de la “Nueva gramática de la Lengua Española”, el referente a Fonética y Fonología, y algunos continuamos sin entender una sola palabra.

Valga el siguiente ejemplo: “Los grupos nominales con los que las expresiones catafóricas comparten referente se denominan CONSECUENTES O SUBSECUENTES, para oponerlos a los ANTECEDENTES, que preceden a los elementos con los que comparten su referencia. Los consecuentes de las expresiones catafóricas se pueden clasificar en función de su naturaleza sintáctica” (pág. 1203, vol. 1). Más que por un experto en lengua, es digno de Groucho y Chico Marx.

Estos son los medios de la nueva gramática descriptiva que, en lugar de hacer síntesis y lograr claridad, se pierden en una interminable casuística que se adorna y camufla bajo un sinfín de tecnicismos lejos del alcance del hablante medio. No sé si es la mejor manera de estudiar un idioma, pero desde luego no es el modo adecuado de regular su uso, porque casi nadie puede entender lo que se dice en esas farragosas páginas.

El problema no tendría mayor calado –aparte de saber quién narices financia todo esto– si estos estudios descriptivo-analíticos de la lengua no se trasladasen al aprendizaje del castellano por parte de los escolares. Ahora los ríos y lagos tienen hidrónimos y no nombres o denominaciones. En un texto, más que el contenido, importan las teorías sobre las maneras de cohesionar y lograr coherencia, que nada casualmente nunca coinciden con los modos de, por ejemplo, Vargas Llosa, Galdós o Cervantes. Algunas preposiciones, como so o cabe, desaparecen mientras otras, como durante o mediante –y pronto salvo y excepto–, se unen a la vieja lista que antes sabíamos de memoria. Y los adverbios sufren un enorme acoso porque, después de todo, apenas sirven para nada.

Así, la enseñanza del idioma español, en lugar de consistir en la mejora de la lectura y la escritura –y, por extensión, del pensamiento– se basa en el aprendizaje de infinitud de terminachos técnicos que resultan completamente extraños a alumnos que, por definición, son dominadores de la materia que estudian pero que, así, terminan odiando por oscura, inescrutable e insoportable.

Los defectos de nuestro sistema educativo en Lengua son palpables en todos los ámbitos de la sociedad. Escuchar cualquier informativo televisivo o radiofónico basta para ver la pobreza del idioma. Pero, aún mejor, podemos aprovechar la nueva edición de “Gran Hermano” para observar, científicamente, cómo usan el idioma ciudadanos de vocabulario centenario, maestros de las palabras malsonantes y expertos de la frase hueca –en este sentido no quedan muy lejos de nuestros políticos–.

El castellano, o español en el resto del mundo, experimenta, como los demás idiomas, una universalización como nunca antes se había visto: casi todo el mundo escribe y lee en medios de comunicación social. Otra cosa es si saben atender o si comprenden algo. Mientras tanto, los expertos se alejan de la realidad para hablar de la lengua con palabras ajenas a ella. Y la realidad social muestra una juventud cada vez más chabacana que usa un pésimo castellano fruto de un intelecto poco desarrollado. Tan solo un síntoma más de la generalizada crisis de valores e inquietudes que atravesamos en este espeluznante principio de siglo.

dmago2003@yahoo.es

 

 

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