Nº 1600 -  30 / VIII / 2014 
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OPINIÓN

Salander y Fincher

Daniel Martín
 

Stieg Larsson, en “Millenium”, creó un universo paralelo reflejo de la sociedad contemporánea con todas sus carencias. Del mismo modo que Hammett y Chandler, el autor sueco disfrazó de novelas policiacas su cruda crítica de la sociedad actual, tan violenta con los débiles, tan indefensa ante la manipulación informativa, tan injusta con casi todos, tan carente de escrúpulos. Realizó, en definitiva, un retrato desolador de una sociedad amoral y deshumanizada.

Entre toda esta maraña paradójicamente maniquea, sobresale la figura de Lisbeth Salander, el primer gran personaje literario del siglo XXI. Maltratada por su padre, por la sociedad, por el mundo entero, esta asombrosa superviviente sobresale por sus habilidades internáuticas, por sus escasas capacidades emocionales y, sobre todo, por haberse construido una solida moral propia: es leal, incluso cariñosa, con los que aprecia, pero implacable con sus enemigos y los de los que considera suyos. Desvalida, capaz de repeler y emocionar en una sola página, asocial casi siempre, audaz cuando es preciso, es una heroína actual, propia de este siglo de contradicciones.

David Fincher, uno de los mejores directores de las últimas décadas, sabía a lo que se enfrentaba cuando aceptó llevar las riendas de la versión norteamericana de “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Después de unos magníficos títulos de crédito, oscuros y trepidantes al hipnotizador ritmo de Led Zeppelin, centra su narración en el sobrio Mikael Blomkvist –sobriamente encarnado por Daniel Craig– y, sobre todo, en la Lisbeth Salander de la espléndida Rooney Mara, a mi entender muy superior a su antecesora Noomi Rapace.

Mara, en una asombrosa “realización” del personaje libresco, comanda una magnífica trama, fiel al libro, que atrapa al espectador mientras dos personajes quijotescos, mas absolutamente contradictorios, descubren a un terrorífico asesino en serie que lleva décadas aniquilando a mujeres indefensas, un personaje al nivel de los malvados de “Seven” o “Zodiac”, otras dos joyas de Fincher.

La gran ventaja de esta nueva versión sobre la anterior de producción escandinava, aparte de una Salander mucho más cercana al original, por tanto más magnética, es el saber hacer de un director que convierte en sublime cada uno de los planos, cada una de las secuencias, que sabe manejar a sus actores con un virtuosismo imperceptible, siempre sirviéndose de inmejorables montaje, fotografía, dirección artística y banda sonora, todos esos elementos que deben conformar el conjunto de una buena producción cinematográfica.

El único problema de “Los hombres que no amaban a las mujeres” es que el espectador ya conoce la historia. Después de la novela, de la otra película, apenas hay capacidad para la sorpresa. Craig y Mara, no obstante, consiguen acercarnos aún más a una historia sobresaliente que, dentro de su fantasioso argumento, muestra un nuevo modelo de hacer realismo crítico y revelador.

Estamos ante un filme espléndido que mantiene el interés durante sus dos horas y media de metraje. Salander es un personaje memorable, cuyo destino quedó inconcluso desde que Larsson falleció, pero que, pecadora impenitente, justiciera violenta y moderna, convierte en oro dramático todo cuando toca, aunque sea una misma historia contada tres veces en poco menos de un lustro. Es lo que tienen los mitos inmortales… y las carencias creativas de las épocas de crisis.

dmago2003@yahoo.es

 

 

 

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