Nº 1567 -  28 / VII / 2014 
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OPINIÓN

Rabat, una cita en la perplejidad

José Javaloyes
 

La ausencia del asunto del Sahara en la agenda de la visita de Mariano Rajoy a Rabat, siendo como es materia central en las relaciones entre España y Marruecos, puede equivaler en la práctica a que se trata de un encuentro sin agenda; es decir, de un trance meramente protocolario. Cosa de guardar las formas, como corresponde a toda vecindad civilizada. Pero poco más, en principio. El resto de los asuntos son de ordinaria administración, lo cual no quiere decir que sean temas irrelevantes o carentes de interés. Porque todo el lío que, hace poco más de un año, el Gobierno marroquí organizó a propósito de una visita a Melilla del entonces presidente del principal partido de la Oposición, podrá ser materia de las resueltas con lo de pelillos a la mar, pero esto de ahora se compadece de modo sólo regular con ser el envés de aquello.

Sólo, pues, cortesía y buenas maneras. Lo importante en la atención preferente del nuevo Gobierno no está del Estrecho de Gibraltar para abajo sino de los Pirineos hacia arriba; o sea, el rumbo asignado por Estrasburgo, al ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo. En el caso de la Unión Europea el interés nacional se corresponde, por lo más principal además de urgente, con temas cada vez menos exteriores y más interiorizados, porque pertenecen a órdenes de vertebración institucional y supranacional. Así los temas de la fiscalidad asumida en común por las Naciones de la Eurozona, porque en común se asumió la compartida apuesta por el Euro.

En esta línea, la visita a Madrid de Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, para entrevistarse con Mariano Rajoy, se inscribe en el conjunto de movimientos que preceden a la Cumbre europea del día 30, de la que se espera salga tanto la refundación en forma de nuevo Tratado de la Unión. Que será tanto como la hoja de ruta que seguirá la Unión Europea en el doble propósito de resolver la crisis económica, superando al propio tiempo las carencias en cobertura institucional de que adolecía la arquitectura fiscal del Euro.

El contraste entre la importancia histórica y económica de los objetivos a cubrir en la política europea de integración, tarea que en el caso español se acompaña dramáticamente del reto de salir del foso de la crisis económica con sus cinco millones largos de parados, y la rutina de las bloqueadas relaciones con Marruecos por causa del problema del Sahara, es cosa que, en términos de actualidad reduce poco menos que a suceso protocolario la civilizada visita a Rabat de Mariano Rajoy. Y es de esperar que cuando le reciba en palacio, Mohamed VI no le siente junto la cartografía mural en que Ceuta y Melilla aparecen tintadas del mismo color que el espacio jerifiano, recrecido con la anexión de lo que fue el Sahara español; pese a que el Tribunal Internacional de La Haya resolviera, antes de la Marcha Verde, que Marruecos carecía de título alguno sobre el mismo.

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