El testimonio del sastre de las tiendas Forever Young y Milano, José Tomás, que atendió a Francisco Camps en sus compras de ropa (hasta 25 unidades y no “tres trajes” como decían en el PP) ha sido fulminante para el presidente de la Generalitat valenciana y se suma a un sin fin de indicios y testimonios que acreditan la clara responsabilidad del político valenciano en los hechos y su temeridad a la hora de acudir a juicio, sin admitir su culpabilidad como hicieron dos de sus compañeros imputados precisamente a petición suya.
La frase de José Tomás, un profesional de la sastrería que pasó un calvario de presiones y advertencias además de perder su trabajo, en la que afirma “Camps me dijo si me sacas de esta no te faltará de nada”, es determinante y prueba la facilidad de Camps para mentir y su intento de inducir un falso testimonio del sastre. Algo que no solo no consiguió sino que se ha vuelto en su contra, igual que los testimonios de otros empleados y testigos del proceso.
Por muchos menos indicios y pruebas se ha denostado en público a Iñaki Urdangarín, con la pública declaración del Rey don Juan Carlos, mientras que en el PP y el entorno de Camps se registra un estruendoso silencio que, de seguir las cosas como van, muy pronto obligará al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a dar su opinión, reconocer los hechos y condenar a Camps si al final el jurado reconoce su culpabilidad, sin esperar a mas recursos que solo prolongarían en el tiempo la agonía del escándalo.
La que a la vista de lo que llevamos de juicio parece ineludible y lo lleva a una lamentable situación, y no solo por los regalos sino porque la trama Gürtel consiguió numerosos contratos públicos a todas luces de favor y algunos casos sin concurso público por lo que la relación causa efecto entre los regalos de trajes y los varios contratos se presenta como algo lógico y flagrante.
Puede que por todo ello y por la asesoría y el seguimiento que de este asunto hizo Federico Trillo desde el PP el presidente Rajoy no haya querido que Trillo entre en su Gobierno, de la misma manera que se especuló con la posibilidad de que este caso y el de Urdangarín hayan incidido en el descarte de González Pons, que firmó uno de los contratos de los que se benefició el Duque de Palma.
En todo caso la marcha del proceso de Camps está dejando al que fuera presidente de la Generalitat de Valencia, y a todos los que lo han defendido y apoyado, en posición muy mala y a él como un gran mentiroso y acaparador de regalos. De ahí que la que se citó como una estrategia de Trillo, pidiendo que todos los imputados reconocieran el delito, lo que aceptaron en un principio los cuatro imputados y luego rechazaron Camps y Costa, aparece como el justo camino que debieron tomar los implicados en el caso, para evitar el bochorno que están pasando ante el continuo desfile de pruebas y testimonios en contra de los procesados y el daño que todo ello está causando al PP aunque hayan pasado las elecciones.
La corrupción de los políticos y personajes públicos, en tiempos de crisis y de paro gigantesco, se ve por los ciudadanos no solo como un delito sino como un escándalo inaceptable sobre el que no puede hacerse ninguna excepción, ni admitir clemencia o unas medidas de gracia, y no siquiera silencios o comprensión. De ahí que el juicio de Camps se va a convertir en una primera prueba de firmeza contra la corrupción del gobierno de Rajoy y del PP. Y otro tanto deberá ocurrir en el PSOE si el llamado caso campeón que afecta al ex ministro José Blanco conduce a una condena una vez que el Tribunal Supremo aborde el caso con la autorización del Congreso de los Diputados que, llegado el caso, no debería de otorgar inmunidad al ministro ahora investigado.