Nº 771 -  23 / V / 2012 
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OPINIÓN

La lección de Ulises

Javier Pérez Pellón
 

El artículo 11 de la Constitución de la República Italiana, Carta Magna promulgada el 27 de diciembre de 1947 y entrada en vigor, con su publicación el la Gaceta Oficial, el 3 de enero de 1948, dice, textualmente, lo siguiente: “Italia repudia la guerra como instrumento de ofensa a la libertad de otros pueblos y como medio de resolución de las controversias internacionales….”. Está tan clara y rotundamente expresada esta declaración de buenas intenciones pacíficas que el cumplimiento de su obligatoriedad ni puede discutirse ni tiene, por tanto, vuelta de hoja. Lo estoy leyendo y copiando de una vieja edición de 1977, que contiene, también, el Reglamento del Senado y una cariñosa dedicatoria que Amintore Fanfani, me escribió durante el curso de una entrevista que le hice de cuando fuera presidente de la cámara alta del Parlamento italiano. Junto con Andreotti fue el líder democristiano con quien tuve mayor y más abierta confianza. Me hablaba entusiasmado de España y de su paisaje. Y visitó, con una cierta asiduidad, el sur de nuestro país para describirlo en sus lienzos. Que la pintura fue su otra gran pasión, no sé si antes o después de aquella otra por la política.

Amintore Fanfani ha sido uno de los “padres de la patria” y, también, uno de los redactores de la Constitución de la República que, junto a Alcide De Gasperi, Aldo Moro, Giulio Andreotti, – el único superviviente de aquella generación (el un entonces jovencísimo Enrico Berlinguer pertenece ya a la siguiente) – , Pietro Nenni, Giuseppe Saragat y otros pocos más, fueron llamados “caballos de raza”. Un día J.F.Kennedy declaró, públicamente, en la convención democrática de 1956, en Chicago, que “Catolicismo y Protestantismo en la formación histórica del capitalismo”, ensayo escrito por Amintore Fanfani, fue una de las causas principales que despertó en él su dedicación a la política. Políticos de este calibre ya no existen. Con alguna excepción, que habría que descubrirla con la ayuda de la linterna de Diógenes. Los demás o son profesores tecnócratas que llegan del limbo de la teoría a punto de perderse en la realidad de los momentos críticos, morales y económicos, o son unos descarados “robaperas” que sólo piensan en arrapar en su propio beneficio (como la escuela “zapateril”, hoy tan difundida por los cinco continentes del ancho mundo).

Pues bien, sacando la lengua al artículo 11 de la Constitución republicana, vilipendiando la nobleza de la Carta Magna, se ha tenido noticia que, la apenas pasada administración berlusconiana, con el consentimiento del Parlamento, decidió la compra de 131 caza-bombarderos atómicos F35, americanos de la Lockheed, y cuya producción comenzará a realizarse a finales del 2012 con el compromiso de hacer las primeras entregas de este mortífero instrumento volante hacia la mitad del 2013. Esta decisión, digna de un relato de ciencia-ficción, también ha sido corroborada por el actual “premier” italiano Mario Monti.

El pasado día 7 del actual mes de diciembre, Massimo Donadi, de la formación IDV (Italia de Valores) el partido creado y presidido por Antonio Di Pietro, el ex-magistrado que más destacó en la operación ”Manos limpias“, se preguntaba qué sentido tenía la compra de 131 caza-bombarderos, cuyo coste está fijado entre los ¡18 mil y 20 mil millones de euros! ¿Qué sentido tiene, – se pregunta el personal de a pie – , este faraónico gasto que, inevitablemente, repercutirá en el bolsillo de los contribuyentes, los que pagan los impuestos que no son, precisamente, los más ricachones, sino los dependientes públicos, la obrería de las cadenas de montaje y los jubilatas, a los que, hoy mismo, se les pide otro sacrificio más con el aumento de las tarifas energéticas, recortes en las pensiones, encarecimiento de los productos alimentarios de primera necesidad…para salvar, se dice, la “empresa Italia”, dentro de un Estado que está arriesgando la bancarrota?

¿Qué va a hacer el ejército de Italia, que ya es la octava potencia militar del mundo, con toda esta juerga enloquecida del aire? Pues que, con aviones de combate, se va a la guerra ¿Y a quién pretende declarar la guerra? ¿Tal vez a San Marino o al Vaticano, que los dos los tiene muy cerca, a dos pasos, casi en casa? ¿O a al principado de Liechtenstein, a Andorra, a las Islas Fiji? Descartadas estas posibilidades la única certeza que resta es “hacer la guerra por comisión” de los Estados Unidos, cuyo presidente es el “bronceado” (Berlusconi dixit) Barak Obama, Premio Nobel de la Paz ¿Próximo objetivo del nuevo “imperio del mal” (algo paradójico que no hubiera alcanzado a comprender Ronald Reagan cuando en un discurso pronunciado el 8 de marzo de 1983 estigmatizó con este apelativo a la entonces Unión Soviética y que, ahora, se le revuelve, como un boomerang, contra su propio país)? Para atacar hay donde escoger: Irán, Siria, Corea del Norte…y algún que otro país africano.

En “Cartas contra la guerra” , el gran Tiziano Terzani, toscano como Indro Montanelli y Oriana Fallaci, tres de entre los más heroicos, mejores escritores-historiadores-narradores-reporteros, que el siglo XX diera a la historia, ennobleciendo así el oficio del periodismo, denunciaba, desde Penshavar, Afganistán, en octubre del 2001, que “Washington había anunciado la realización del más grande contrato de armamento bélico en la historia del mundo y que el Pentágono había decidido encargar a la Lockheed Martin, la construcción de la nueva generación de sofisticadísimos caza-bombarderos: tres mil ejemplares por un valor de 200 mil millones de dólares USA. Esta imponente fuerza militar, según las estipulaciones del contrato, debería entrar en funciones en el 2012″. Es decir, pasado mañana ¡La que nos puede caer encima!

En Italia el coste de un sólo F35 vale lo que 183 estructuras para recién nacidos y atender a las necesidades de 12.810 niños. Para ser Navidad no está mal. Es un modo, como otro cualquiera, para celebrar la venida al mundo de aquel niño llamado Jesús. Es como escupir sobre el pesebre del Portal de Belén.

Yo creo que la presunción y, casi siempre, la maldad nacen y se crían al lado de la ignorancia. No juzgaría a la actual clase política italiana de malvada o de perversa o mejor a la “politiqueses” italiana, término despreciativo de la política inspirado a la “politiques”, modo y forma de hacer política durante el reinado, en Francia, de Caterina de Medici, primero como reina consorte de Enrique II (1547-1559) y desde 1560 como regente del trono. Diría, simplemente, que lo único que le importa es el del propio y exclusivo beneficio y al del prójimo que le den por ahí. Y, sobre todo, que es profundamente ignorante.

Hace unos días caía en mis manos, por recomendación de un amigo, “La scelta di Ulisse” (“La elección de Ulises”) de Eva Cantarella, estudiosa del mundo antiguo, de prestigio internacional y profesora de “Antiguo Derecho griego” en la Universidad de Milán. Su tesis es la siguiente: “Si el hombre obra por deseo de los dioses y si a este deseo no puede oponerse, quiere decir que, cuando hace algo no es libre. También Ulises sabe que es difícil escapar de la voluntad de los dioses y que de hacerlo incurrirá en la ira de la divinidad ofendida. Pero, al mismo tiempo, siente que puede elegir el propio camino, una fundamental, larga y difícil conquista del pensamiento a la vez que una extraordinaria invención”.

La ruta que emprende Ulises hacia Ítaca es el viaje por antonomasia. La isla de Ítaca está identificada, en la metáfora, como la meta espiritual que permite tener conocimiento de los límites de la condición humana, afirmando, al mismo tiempo, la autonomía de las propias decisiones. Pero para los griegos que leían la Odisea, – desde el momento en fuera accesible a la escritura, en el VIII siglo a.d.C, – aquel viaje no era una metáfora. Para ellos Ítaca era una ciudad real, con sus casas, su puerto, sus costumbres de vida. Una de las tantas comunidades, en las cuales, en los siglos sucesivos al incendio y posterior derrumbamiento de los Palacios de Micenas, alrededor del 1200 a.d.C, se había consolidado una nueva forma de vida social en la cual no existían súbditos, como en los reinos de Micenas, sino ciudadanos. En otras palabras, la polis, con cuya celebración y la importancia de su diversidad los griegos acompañaban el viaje de Ulises.

Un ejemplo de la función pedagógica del viaje de Ulises lo podemos encontrar, según las atractivas tesis de Eva Cantarella, en uno de los episodios que, por su carácter fabulador, pudiera parecer, a primera vista, el menos adecuado para desarrollar una símil función educativa. Es el encuentro con los Cíclopes, “injustos y violentos”, los describe Homero; los Cíclopes “no tienen asambleas, ni leyes (themistes), viven en grutas profundas excavadas en las cimas de los montes excelsos; cada uno impone su propia ley a los hijos y a las mujeres y no le importa el cuidado de los otros”

Unos cuantos versos que contienen una enseñanza fundamental: aquella que señala la incivilidad de los Cíclopes; aquella que les confina, inexorablemente, en el mundo de la barbarie es su socialidad prepolítica. Los Cíclopes no son ermitaños. Viven en grupo, tienen familia, pero no existe una autoridad por encima del cabeza de familia. La vida del grupo familiar está regulada por los poderes caprichosos de su jefe y las relaciones entre los jefes familiares, en ausencia de instituciones públicas, se confían a las reglas de la fuerza, a la venganza sin límites y sin control. La oposición total a la polis y, en particular, a Ítaca es más que evidente: en Ítaca existe una asamblea que, aún no teniendo todavía poderes institucionalmente previstos, se desarrolla según normas formales consolidadas y condivididas. Como lo demuestra la asamblea convocada en Ítaca por Telémaco: la convocatoria se hace a través de los araldos, los “de la voz sonora”, la reunión comienza al alba, en una sede apropiada donde los ciudadanos se sientan en gradas de piedra, según un orden predeterminado; todos, sin exclusión de ninguno, tiene el derecho de participar y tomar la palabra y, al final de cada intervención, una aclamación es la señal de conformidad de cuanto dicho por el relator de turno. La asamblea se concluye en el momento en el que nadie presenta objeción alguna.

En Ítaca, polis en vía de formación, el principio de mayoría todavía no existía. Pero si que existen las instituciones de la polis, esto es, el modelo de vida asociada. El viaje de Ulises es, también, el viaje que acompaña a los griegos hacia este modelo.

El leer, de vez en cuando, a los griegos no sólo es fuente de conocimiento de la humana condición, sino suprema pedagogía que debiera dar luz a la perdida nobleza del arte de la política.

Pero los nuestros, los de ahora, los de aquí y los de allá, ni tienen tiempo para ello, ni desean entretenerse en el conocimiento de la polis. Ya tienen bastante con apoderarse, las más de las veces con engaño, de las instituciones para “arrafar” lo que puedan en el menor tiempo posible.

Está de más, sobra Ítaca, el modelo de la polis. Proliferan, en superabundancia, los Cíclopes. Si fuera al inverso otro gallo cantaría y, entonces, sí que podríamos decir: ¡FELIZ NAVIDAD!

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