Nº 771 -  23 / V / 2012 
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OPINIÓN

La onda larga

Javier Pérez Pellón
 

El Ministerio italiano de Sanidad comenzará, en breve tiempo,  una campaña informativa sobre la utilización del teléfono móvil, el ya clásico, mágico e imprescincible instrumento en el quehacer diario de nuestra vida, conocido aquí con el nombre de “telefonino”. El anuncio oficial de tal campaña informativa ha coincidido con el día siguiente a la transmisión televisiva de Report, un programa que la RAI envía en onda todos los domingos a partir de las nueve de la noche y que es, sin duda, aparte del índice de su audiencia en crescendo, el share, que dirían en los Estados Unidos, un espacio que cumple con todos los requisitos de lo que debe ser un servicio público.

El derecho a la libertad de expresión, sin más límites que los que al informador le imponga su propia conciencia,  y el deber contraído con la sociedad civil de transmitir una noticia, de veracidad contrastada y de público interés, sin detenerse a contemplar las consecuencias, que generalmente son económicas, pueda tener sobre los intereses que se empeñan en evitar esa información o a desviar el intrínseco interés de la misma. “El periodista, -decía Indro Montanelli – , es aquel que cuenta lo que sucede; el gran periodista es aquel que comprende lo que sucede”. Valores hoy casi en desuso y olvidados, sobre todo cuando vemos ciertos espacios informativos televisivos, debates…tanto en la televisión pública como en la privada, de rampante banalidad de contenidos y de rastrera servidumbre hacia el patrón político de turno, malsanamente ideologizados y babeantes de parcialidad como a los que he podido asistir, en mi doble y modesta condición de periodista y  televidente, cada vez que he viajado a España en estos últimos ocho años, coincidentes con la nefasta gestión zapateril, afortunadamente terminada. Sin por ello absolver la precedente que en el saco de su conciencia, en el terreno de la información, tiene muchos pecados de los cuales arrepentirse.

Pero regresando al tema que hoy nos ocupa, el anuncio del gobierno italiano, presidido por Mario Monti, ha hecho saber que “las investigaciones científicas, realizadas hasta la fecha de hoy, no excluyen la existencia de una causalidad entre el uso inmoderado e incontrolado de la telefonía móvil y el desarrollo de patologías tumorales malignas”.

¿El uso del teléfono móvil es motivo de riesgo para la salud? Ventiocho años después de la invención del americano Martin Cooper el móvil llega hoy a 5.000 millones de personas de los 7.000 millones que habitan en el planeta Tierra ¿A esta impresionante penetración en el sistema de consumo corresponde un adecuado interés de las autoridades sanitarias y de los gobiernos para investigar sobre los efectos dañinos para la salud? Por vez primera este año la O.M.S, la Organización Mundial para la Salud, ha clasificado,  como posibles cancerógenas, las microondas emitidas por el móvil.

Pero a espaldas de esta clasificación existe toda una trama oscura y una serie de conflictos de intereses por parte de los investigadores encargados de examinar, precisamente, estas patalogías tumorales malignas. Si en los años 90 la publicidad no hacía nada más que resaltar los beneficios sobre la utlidad del uso de la telefonía móvil, según nos acercábamos al 2.000 el telefonino se ha convertido en un objeto de moda para los adolescentes y de ilusoria visión de modernización para los países en vías de desarrollo, aquellos que la soberbia del Primer Mundo los califica como de Tercer Mundo.

En sólo 28 años el móvil ha pasado de las manos de un sólo hombre, su inventor, a aquellas de 5.000 millones de los descendientes de los primates, no excluyendo que, en un futuro no lejano, Chita pueda comunicarse con Tarzán a través de un inalámbrico telefonino, ya que la selva de antenas que transmiten esta onda larga cubren, prácticamente, casi todo nuestro planeta.

Pero la gente sigue ignorando, porque todavía nadie se lo ha dicho, cuales son las causas de esos frecuentes y, a veces, insoportables dolores de cabeza. Se habla mucho de la contaminación ambiental de las ondas magnéticas, pero en realidad, porque las autoridades competentes,  interesadamente nos lo ocultan,  no conocemos casi nada de ello.

Y, sin embargo, esta confusión, esta ignorancia, no es casual. Durante 28 años las autoridades sanitarias mundiales han  sostenido la postura de declarar que el uso del móvil no era peligroso para la salud. Pero cabe preguntarse ¿en realidad la peligrosidad emitidas por los móviles ha sido estudiada, con seriedad, en todos esos años?

Basta buscar en los portales electrónicos de los gestores de telefonía móvil para saber que, en este  momento, al mismo tiempo que escribo este artículo de opinión, más de 5.000 millones de personas poseen un telefonino, – su utilización crece de día en día, por no decir de minuto en minuto – , siendo sus propietarios, en buena parte de entre ellas, adolescentes y niños.

Pues bien, hemos tenido que esperar hasta el mes de mayo de este 2011, para que la autoridad mundial sanitaria se haya hecho viva y dado una explicación al respecto. Una explicación que muy bien habría merecido la atención de abrir la información en los medios audiovisuales y estamparla, a toda plana, en la primera página de los periódicos y en la portada de los semanarios y que, sin embargo, ha sido medio ocultada relegándola, en pocas y breves líneas, en las páginas 15 o 16.

Los intereses económicos que están en juego son ingentes y cuando la duda sobre el peligro del uso del móvil ha llegado al conocimiento público se han comprobado sus consecuencias. En el “Larry King live”, un popular programa televisivo de la CNN, un tal Mister Reynard declaró que el tumor cerebral que había causado la muerte de su mujer era culpa, según su parecer, del uso del móvil. Era el 1993 y en la bolsa de Nueva York las acciones de los productores de telefonía móvil se fueron a pique.

Justamente ese año de 1993 Henry Lai, investigador de la Universidad de Seattle había realizado un experimento sobre ratones que, expuestos sólamente durante dos horas a las ondas emitidas por un móvil, presentaban una interrupción de su DNA. Un efecto biológico que puede ser el origen del cáncer cerebral. Inmediatamente  a Henry Lai se le suprimieron las subvenciones monetarias necesarias para continuar con sus investigaciones. La orden de tan drástica medida provenían de la dirección de la Motorla, la conocidísima y prestigiosa empresa comercial productora, entre otras cosas, de telefonía móvil y principal fuente económica de la Universidad de Seattle.

En Italia, y como creo suceda en otros países, incluído el nuestro, es una de las grandes fuentes de recaudación de impuestos. Es decir que, a nivel de Estado, existe el mismo problema de conflictos de intereses que a nivel privado. Quizás sea ésta la razón por la cual no conviene levantar tanta polvoreda. En realidad lo lógico sería, que comprobado el peligro que representa para salud pública el fumar y el uso de la telefonía móvil, retirar del comercio ambas mercancías o, en el caso de su imprescindibilidad, como es hoy en día el uso del móvil, advertir, muy claramente de su utilización gratuíta e incontrolada y dar instrucciones precisas al respecto.

Por ejemplo mantener el móvil lejos de las paredes cerebrales y utilizar el auricular reducen, en el 90%, el riesgo de contraer un tumor maligno.No apoyarlo nunca debajo de la almohada durante la noche, abrir la ventanilla del automóvil cuando se usa el telefonino en el interior del vehículo. Mantener, sin tregua ni pausa, la máxima atención cuando el móvil lo utiliza un niño. Estando en vías de desarrollo la corteza cerebral durante el período de la infancia, ésta presenta una mayor vulnerabilidad a la exposición de la onda larga. Ver la radiografía cerebral de un niño afectado de tumor cerebral a causa del uso desconsiderado del móvil es como contemplar la visión de una escena de las narradas por Dante en los versículos del Infierno de “La Divina Comedia”.

Cada vez que en la tele vemos que un determinado espacio, incluídos los partidos de fútbol, patrocinado por una marca de telefonía móvil, pensamos que debería ser obligatorio, aunque fuera en pocos segundos, avisar de los peligros que puede generar  su utililización y el modo y forma de debelar sus efectos o, al menos, de paliarlos.

Lo que hoy preocupa a la industria de la telefonía móvil ya había sucedido con la del tabaco. Cuántos más cigarrillos se vendían más impuestos se recaudaban. Hasta que se dieron cuenta que esos impuestos no eran los suficientes como para curar los daños provocados por el consumo del tabaco. Echando bien  las cuentas una cosa no valía la otra.

En el caso de la telefonía móvil es diferente. Si ya es grave que el conflicto de intereses evite, en lo posible, la publicidad sobre la causa-efecto del cáncer cerebral provocado por el uso impropiado del telefonino, lo que resulta intolerable es que en ese conflicto de intereses aparezcan mezcladas las agencias internacionales que tienen el deber institucional de tutelar la salud humana como, por ejemplo, la OMS (Organización Mundial para la Salud), la Agencia para la Investigación del cáncer de Lyon…tal y como lo ha denunciado Report, el  programa informativo de la RAI emitido el último domingo, día 27, del pasado mes de noviembre de este 2011.

Las compañías telefónican han aprendido de los erreres cometidos en su día por la industria del tabaco. Hoy sabemos que millones de personas han muerto de cáncer convencidas que el fumar un  cigarrillo fuera una cosa innocua para la salud, mientras que la investigación de causa-efecto cancerógna del tabaco estaba ya muy avanzadas en la Alemania de los años 30, nada menos que en tiempos del régimen de Hitler.

Las compañías americanas de la industria del tabaco cometieron el error de ocultar los resultados científicos y ello les supuso multas de miles de millones de multas, aunque la propaganda que hicieron en favor de la falta de peligrosidad de fumar se sirviera de la corrupción de políticos que aceptaron el soborno de los grandes productores de cigarrillos que costearon los fondos necesarios para sus campañas electorales.

Las compañías telefónicas han aprendido mucho de ese error americano y, ahora propician, con sus fondos, los que llaman “investigación independiente”, aquella que duda de la peligrosidad  cancerógena del uso del telefonino ¿Quién tendría hoy el valor de emitir una sentencia de culpablidad ante las dudas de la ciencia?

Pues bien, a pesar de todo, en Italia, el Tribunal de la ciudad de Brescia ha tenido ese valor. Y ha emitido la primera sentencia, que se conozca, hasta ahora, en el mundo, reconociendo la demanda de Innnocente Marcolini, dependiente de una empresa que, entre otras cosas, tenía la misión de pasar, al menos cinco horas diarias, pendiente del móvil, lo que le ha producido un neurinoma (tumor cerebral).

La causa ha pasado ahora al examen del Tribunal Supremo que si confirma la sentencia precedente, constituiría el primer paso en la que esta debatida y tan seria cuestión donde, hipotéticamente, se está jugando con la salud de más cinco mil millones de personas en el mundo, muchas de entre ellas, adolescentes y niños, la justicia y la ciencia se pusieran de acuerdo.

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