Sociedad de la desinformación
Daniel Martín
Publicado el 29-09-2011
En un libro de texto de Lengua y Literatura de 4º de la ESO, realizado bajo la coordinación de José Manuel Blecua, director de la Real Academia Española, y el asesoramiento del prestigioso estudioso del idioma Leonardo Gómez Torrego, se afirma que la amante de José de Espronceda, Teresa Mancha, fue actriz, dato dudoso en cuanto apenas se sabe nada fehaciente de ella y que he sido incapaz de encontrar en ningún otro lugar. Páginas más adelante, como muestra del teatro romántico se cita al “Fausto” (1) de Goethe que, siendo antes un poema narrativo dialogado que puramente dramático, el genio alemán publicó cuando había renegado del “Sturm und Drang” a favor de su propia interpretación del clasicismo tras quedar extasiado por las maravillas de Italia.
Siguiendo con los despropósitos, en la versión española de la wikipedia, lo que se dice de “Fausto” en la entrada de Goethe se contradice con el artículo destinado específicamente a esa inmortal cumbre de la literatura universal. Para los que sólo lean aquella entrada, el poema carecerá de su magistral segunda parte, la más alabada por, entre otros, el singular Harold Bloom.
Mientras la crisis económica amenaza con derribar de nuevo al Imperio “Romano” de Occidente, la mayoría de la gente anda maravillada con la capacidad para generar información de Internet. Cosa absolutamente cierta en cantidad, pero en ningún caso en calidad. Se leen muchas chorradas, hay incoherencias dentro de una misma web, los datos rara vez se encuentran apoyados en nada… pero sin embargo la gente considera como dogma de fe cualquier dato que se encuentre colgado en el mundo virtual. “Lo he leído en Internet” es el gran argumento del siglo XXI.
El problema es que las fuentes “tradicionales” también han perdido gran parte de su fiabilidad. En un estudio reciente, se decía que la Enciclopedia Británica sólo cometía un 20% más de errores que wikipedia, aunque supongo que se referían a la versión anglosajona. En libros de la UNED se puede encontrar errores tan garrafales como decir que Goethe impulsó el “Sturm un Drang” cuando sólo tenía diez años. Y en las nuevas versiones de papel de las enciclopedias Espasa y Larousse se encuentran más datos dudosos que ciertos. No hay referencias, ni controles, y cualquier desaprensivo puede decir cualquier cosa sin ni siquiera contrastar las fechas.
Mientras tanto, nuestras autoridades educativas se empeñan en comprobar que los profesores tengan la formación suficiente para dar una determinada asignatura sin tener en cuenta que hoy un Grado universitario no significa absolutamente nada. Ni una oposición. Conozco a profesores de instituto que no se han leído el “Canto a Teresa” y lo alaban y critican con el mismo arrojo que un recién licenciado en “Lengua y Literatura”. Porque, después de leer y comentar, a la conclusión que se termina llegando es que estas sandeces se repiten porque en España apenas se lee, mucho menos a nuestros más ilustres clásicos. Aquí, menos los ocho primeros capítulos del Quijote –hasta la aventura de los molinos–, algunos poemas de Antonio Machado y todo Lorca, los clásicos son territorio virgen para que planten y cosechen los ignorantes.
En el libro coordinado por Blecua, del que sólo llevo leída una décima parte, también se dice que “Del sentimiento trágico de la vida” y “En torno al casticismo” son dos novelas de Miguel de Unamuno. Si ese es un libro de texto escolar, podemos imaginar cómo anda la Red. Mientras tanto, los inspectores educativos fastidiando al profesor. Pero nadie mira hacia donde realmente hay que mirar: al conocimiento. Mienten quienes dicen que vivimos en la sociedad de la información.
(1) El “Fausto” de Goethe apenas ejerció influencia en España, mucho menos en el teatro. Sí influyó en “El Diablo Mundo”, poema narrativo inacabado de Espronceda.
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