Aunque son todos los mercados mundiales los que temen la posibilidad de que Grecia entre en suspensión de pagos, España sería uno de los países más afectados. No porque las entidades financieras, banca y compañías de seguros, sean la más afectadas, que no lo son, sino por el efecto contagio que podría tener sobre las dudas de nuestra capacidad para devolver nuestro ingente endeudamiento privado. La suspensión de pagos no implicaría necesariamente dejar de estar en el euro. Pero la solución de la crisis griega, que afecta a toda la economía mundial, hace tiempo que ha dejado de ser sólo una cuestión económica. Es sobre todo una cuestión política. Tanto en Europa como en Estados Unidos, su futuro está en manos de decisiones y acuerdos políticos dentro de sus órganos legislativos, que afrontan en los próximos meses elecciones decisivas.
También es el caso de la propia Grecia. Su parlamento ha aprobado las reformas que el partido en el poder no acaba de aplicar; uno de los grandes problemas a los que se enfrenta el país. El gobierno de Papandreu encuentra gravísimas dificultades para hacer los deberes, como la propia Merkel comentó a Rajoy, quien viaja ya con aureola de presidente, en su periplo alemán.
El Gobierno griego trata in extremis de evitar la suspensión de pagos con el anuncio de un nuevo impuesto para todos los dueños de cualquier tipo de propiedad inmobiliaria, con el objetivo de recaudar unos 2.000 millones de euros de aquí a fin de año. También los políticos y altos funcionarios renunciarán a una paga mensual de sus salarios. Pero hace falta que ponga los medios para aplicar estas medidas y que no ocurra como con el IVA, con el que la falta estructura para cobrarlo ha invalidado la medida, lo que ha irritado sobremanera a los funcionarios del FMI y de la UE.
Los observadores de la UE y del FMI consideran que la administración griega, con el populista ministro de Economía, Evangelos Venizelos, al frente, no se toma en serio la urgencia de realizar el ajuste, pese a que tiene que conseguir todavía la autorización del último octavo tramo del primer rescate, 8.000 millones de euros, sin cuyos recursos Atenas tendrá que declarar irremisiblemente la suspensión de pagos. No tiene dinero en sus arcas para pagarlos.
La incertidumbre de lo que vaya a suceder en los próximos días ha provocado un serio varapalo la pasada semana a los mercados (el Ibex se ha dejado un 6,5% en su segunda peor semana del año). El castigo una vez más ha sido para los bancos ante la posibilidad de que los países tengan que utilizar sus fondos de garantía de depósitos para capitalizar a la banca si tuvieran que asumir la quiebra de Grecia.
Merkel ya ha anticipado que no dudará en aplicar el fondo a la banca creado en 2008 en su país para recapitalizarlos si fuera necesario. En España, en caso de quiebra, contamos con el Fondo de Garantía de Depósitos, que en su día salvó a Banesto, y cuyos recursos están íntegramente constituidos por la banca.
Aunque las entidades españolas cuentan con escasa deuda griega -sólo tres entidades tienen unos 300 millones de euros en total- sí se ve muy afectada por la deuda portuguesa, por el peso de la burbuja inmobiliaria, y por el efecto que podrían tener las dudas sobre España. Los bancos españoles además son los que más deuda soberana española cuentan.
Los bancos españoles también asumen el riesgo de la ralentización económica y su altísimo nivel de desempleo. Rubalcaba reiteraba en su entrevista en El País este domingo que todos los organismos internacionales como la OCDE o la OIT consideran el empleo como el principal problema de este país, para el que ninguno de los candidatos para disponer de modelo para resolverlo. .
Rubalcaba habla de crear empleo aportando créditos públicos a la PYMES. ¿De dónde sacará el dinero? ¿Del ICO? ¿Y el ICO de dónde sacará el dinero de más deuda del Estado?
Por su parte Rajoy no ha aprovechado la cumbre del Partido Popular para aclarar su plan de empleo. Se ha limitado a decir que la propuesta del PP pasará por un contrato único y la negociación salarial en cada empresa.
Como dice el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, es mejor presentar un plan que nada, pero es que lo de Rajoy se parece mucho a la nada. Europa y muy especialmente España, deberían tomar ejemplo de Obama.
Puede gustar o no su plan, pero al menos se ha enfrentado al Congreso para tratar de conseguir un acuerdo nacional con los Republicanos para tratar de frenar la desesperante situación de 14 millones de estadounidenses que están en el paro.
Son propuestas que se echan de menos aquí. Lo que se ve agravado por el parón del verano unido a la convocatoria electoral que hacen prever que no habrá nuevas medidas de choque hasta principios del próximo año.
PP y PSOE se han puesto de acuerdo en una medida política de incluir en la constitución el principio de equilibrio presupuestario. Será relevante a largo plazo, pero los mercados lo han asumido como irrelevante. La reforma de la Constitución que no entrará en vigor hasta el 2020 se evidencia más que necesaria, para frenar el déficit de las CCAA, una vez conocido que el déficit a julio es del 1,2% del PIB, solo una décima menos de lo que tienen que alcanzar para todo el año.
Pese a que España no es Grecia, los mercados internacionales se encargarán de recordar al Ejecutivo de Zapatero, la urgencia de seguir actuando para sanear las finanzas públicas. No cabe duda de que las difíciles negociaciones de esta semana con Atenas nos volverán a poner en el primer plano de las dudas de los mercados internacionales.

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