Nº 1568 -  29 / VII / 2014 
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OPINIÓN

La deuda española aún no ha despejado las dudas

Primo González
 

El Tesoro ha superado el primer control de comprobación de la solidez de la deuda pública a la luz de las nuevas circunstancias. No se puede decir que la haya superado con éxito, sobrada de suficiencia. Hay motivos suficientes para interpretar que los resultados de la subasta celebrada este jueves alargan la polémica sobre si la reforma constitucional era lo que los mercados esperaban para creer a pies juntillas en nuestra solvencia.

No parece que haya sido así. Los mercados aún mantienen a España en cuarentena. Y eso a pesar de que la alternativa real de poder político, el Partido Popular, ha empezado a enseñar ya sus cartas con cierta aparatosidad y contundencia, afrontando programas de saneamiento del sector público en algunas Autonomías bajo su control, en las que los gastos se van a reducir (eso dicen) en un 20%. Se supone que se trata de una propuesta ampliable y exportable al conjunto de la nación, cuando los del PP dominen en Moncloa y en la madrileña calle de Alcalá, en donde se sentará el titular de Economía y Hacienda, cuyo nombre está siendo objeto de todo tipo de especulaciones. De momento, el programa del PP en materia de saneamiento financiero de la nación. O no ha tenido suficiente audiencia, o no se lo ha creído casi nadie o simplemente consideran que una cosa son las Autonomías y otra distinta el Estado español. Lo que hemos comprobado este jueves, en coincidencia con la celebración de esta nueva subasta de Deuda Pública, es que los gestos del PP aún son insuficientes para convencer a los inversores de todas las latitudes del recto camino que parece haber emprendido el consenso español de ajuste a los postulados de equilibrio presupuestario que se imparten desde Bruselas y desde Berlín.

Los bonos a 5 años que ha subastado este jueves el Tesoro Público se han colocado a tipos ligeramente más bajos que el pasado 4 de agosto, pero algunos síntomas ponen de relieve que la normalidad se resiste a volver al mercado de deuda. Por ejemplo, el Banco Central Europeo ha vuelto a intervenir en mercado abierto comprando bonos, posiblemente más de Italia que de España, porque el Gobierno italiano está perdiendo credibilidad a marchas forzadas con su plan de austeridad, que ya ha cambiado en varias ocasiones en los últimos días, sin que se sepa a ciencia cierta cuándo va a ser aplicado y en qué condiciones. De hecho, el diferencial de tipos de Italia con Alemania, o prima de riesgo, vuelve a estar por encima de los 300 puntos básicos, peor que el español.

Además de estas intervenciones de apoyo del BCE, el propio desarrollo de la subasta de bonos ha sido mediocre, con unas peticiones por parte de los inversores menores que en ocasiones anteriores y una rebaja de tipo de interés (ha caído desde el 4,891% del 4 de agosto pasado, fecha de la anterior subasta, hasta el 4,518% de este jueves, lo que supone un abaratamiento interesante para el Tesoro pero posiblemente se podría haber emitido a tipos más bajos) que sigue colocándonos en la zona “high yield” de la Eurozona. Es decir, en la zona en la que los emisores tienen que ofrecer altos intereses, superiores a los habituales en un momento dado, para comprar títulos que incorporan un riesgo mayor.

No ha pasado tampoco desapercibido el hecho de que el Tesoro ha tenido que “cortar” la subasta en un tipo marginal posiblemente mejorable. Si el Tesoro hubiera apurado al máximo el volumen de 4.000 millones que pretendía, el marginal resultante no habría sido tan bajo y presentable. El Tesoro finalmente emitió 3.621 millones de euros, renunciando por lo tanto a un importe algo mayor, a pesar de tener demanda hasta los 6.361 millones de euros, si bien los millones que median entre los 3.621 y los 6.361 pedían tipo más alto, que el Tesoro ha decidido no conceder. De haberlo hecho habría recaudado más dinero, pero habría empeorado la foto del final del día, que presenta definitivamente un recorte en el tipo marginal sobre el anterior, lo que le permite asegurar que sigue bajando los tipos de emisión. No deja de ser una ficción que posiblemente los mercados han castigado, levando a lo largo del día la prima de riesgo.

A la postre, lo que interesa es que todo el movimiento político desarrollado para satisfacer a los mercados con una reformas constitucional sin duda trabajosa y que ha puesto en tensión a la clase dirigente, está demostrando que ha tenido una eficacia limitada. Y que los inversores consideran que el problema económico español está aún por resolver, ya que no reside tanto en las garantías de un equilibrio presupuestario sino en otras cuestiones también relevantes, como el crecimiento de la economía y la reducción de la elevada tasa de paro.

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