Nº 771 -  23 / V / 2012 
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OPINIÓN

Objetivo, salvar España

Carolina G.-Cortines
 

El todavía presidente del Gobierno trata a marchas forzadas que España no entre en la crisis que están sufriendo Irlanda, Grecia y Portugal y por ello intenta aplicar medidas a toda rapidez, aunque conlleve a veces dar marcha atrás otras adoptadas recientemente, como la de reducir el IVA de la vivienda a la mitad cuando hace sólo trece meses que había decidido aumentarlo un punto porcentual. Zapatero sabe que el problema fundamental que han sufrido los países periféricos es el de las dudas que generan sobre su capacidad de pagar a tiempo los enormes montantes de deuda soberana que han contraído.

Lo decía de forma muy pedagógica la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, quien advertía en el Financial Times de que la crisis actual es todavía peor que la del 2008 porque si entonces el problemas se centraba en el delicado estado de las entidades financieras, el problema se ha agrandado. La incertidumbre que se extiende ahora a la deuda soberana implica de lleno a los bancos, principales tenedores de esa deuda.  La respuesta entonces fue una política monetaria acomodaticia sin precedentes, el apoyo directo del sector financiero  y toda una batería de estímulos fiscales.

Pero hoy en día la política monetaria es más limitada, el sector bancario sigue teniendo problemas que urge abordar y la años de la crisis han provocado un aumento de la deuda pública de unos 30 puntos porcentuales más sobre el PIB en las economías desarrolladas. Así las economías avanzadas saben que tienen que recuperar el equilibrio presupuestario, lo que se ha dado en llamar desde las instituciones financieras ‘sostenibilidad fiscal’. Pero seguir apretando el freno bruscamente afectará a la recuperación y a las perspectivas de empleo.

Por ello el puzle que debe aplicarse para acabar con esta crisis es más complicado. Si se siguen tomando medidas restrictivas, la economía se contraería y acabaríamos con una nueva recesión tanto en Europa como en EEUU. Tras conocerse el parón en las economías francesa y alemana, los mercados dan por descontado que no se cumplirán las optimistas previsiones del Ejecutivo español y parece que sólo esperan el momento en el que el Gobierno admita que no va a alcanzar su previsión de crecimiento del 1,3% del PIB este año. Es otro hándicap añadido para poder obtener recursos con los que devolver las deudas.

Las medidas que ha propuesto el ejecutivo tratan de atajar los dos problemas: ver como se controla el gasto, a la vez que se favorece el crecimiento económico. La medida más evidente en este sentido es la de la rebaja temporal del IVA de las nuevas viviendas para tratar de favorecer la salida del enorme stocks de viviendas con que cuentan las entidades financieras.

En este sentido parece sensato que el presidente trate de rectificar sus errores; aunque sería más efectivo volver la desgravación de la inversión en vivienda en vez de rebajar el IVA. Los principales favorecidos serán, además de las entidades financieras, quienes puedan pagar a tocateja. También está por ver la eficacia de restar liquidez a las empresas al tener que adelantar el pago del impuesto de sociedades.

Son medidas claramente enfocadas a salvar in extremis el descontrol de la deuda española. Crece el temor de que las CCAA no cumplan con su techo y no puedan cerrar el año con las cuentas cuadradas. Pero de todas las dudas sobre la eficacia de las medidas es cómo van a poder promover el crecimiento y generar más empleo.

Las dudas se ven reflejadas en el varapalo que están sufriendo los valores en la Bolsa, con incidencia especial en los valores bancarios. Es la expresión evidente de la explosión de la burbuja bancaria que durante años han inflado los máximos ejecutivos de estas entidades a quienes los mercados están poniendo en su sitio. La banca ha jugado con fuego al vincular los bonus de sus directivos al valor de la acción en vez de a los resultados. Eso que se ha dado en denominar dar valor al accionista, que era más que nada llenar los bolsillos de los consejeros. Además ponen en cuestión los multimillonarios salarios de estos ejecutivos que están en el origen propio de la crisis. Y más con la que está cayendo. Los jóvenes que se han lanzado a la calle poniendo en entredicho las estrategias que se están llevando no deberían ser ignorados con la ligereza de unos y la contundencia inexplicada de otros. Están en juego muchos valores de nuestra sociedad.

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