Nada parece indicar que tras la celebración de las recientes elecciones y una vez leídos con espíritu interpretativo sensato los resultados, la situación de la economía vaya a mejorar. La amplia victoria en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas del partido de la oposición deja al partido gobernante con tan escaso margen de maniobra que no resulta fácil entender por qué no hay una convocatoria inminente de elecciones generales, en vez de perder el tiempo en un poco útil (para la sociedad española en general) ejercicio de elecciones “primarias” dentro del PSOE. El estado de emergencia total en el que se ha instalado el PSOE queda reflejado en el hecho de que, salvo Andalucía (en donde no se han celebrado esta vez elecciones autonómicas, pero en donde el poder también puede cambiar de manos antes de un año) y en Extremadura (la única Autonomía en la que ahora mismo gobiernan, aunque por los pelos), los socialistas han sido desposeídos de todo el poder a lo ancho y largo de España, con pérdida de las alcaldías de las principales capitales de provincias incluidas. Al Gobierno sólo le queda, en la práctica, la Moncloa, como reducto último y prácticamente único de su poder ejecutivo, aunque seriamente condicionado en este tramo final de la legislatura.
Dedicar varios meses a escoger al candidato que va a perder las próximas elecciones generales es un ejercicio tan poco necesario como útil para la sociedad española en conjunto y de escasa utilidad para el propio partido que debe elegir al próximo líder de la oposición. Más aún cuando el tiempo apremia, las grandes decisiones se siguen dilatando, las reformas no se concluyen y en general la paciencia se le está acabando a casi todo el mundo. Perder varios meses de acción de Gobierno en estas circunstancias es un acto de manifiesta negligencia y de irresponsabilidad.
Se podría admitir que Zapatero pretenda agotar la legislatura adoptando las medidas que sus convicciones le vienen negando a pesar de que se las reclame bastante más de medio mundo. Este sacrificio podría entenderlo la sociedad española, no le haría mucho mal al PSOE (no más del que le ha hecho la pasividad de Zapatero en estos tres últimos años) y en todo caso, si hemos de creer a los expertos, serviría para sacar adelante la economía.
Básicamente esas medidas, de corte impopular, deberían estar centradas en adoptar bastante decisiones impopulares, de las cuales se requieren dos cosas: que sirvan para recortar el déficit y hacer creíble el objetivo del 6% al que nos hemos comprometido para este año con nuestros socios europeos y, como segunda cuestión, que sean medidas que aceleren, y no distraigan o interrumpan, la capacidad de creación de actividad económica, la inversión y el empleo. De las pocas cosas que se escuchan estos días en el entorno gubernamental, da la impresión de que existen pocas posibilidades de que el Gobierno esté en condiciones de abordar una tarea de cambios radicales y urgentes. Si no lo ha hecho en tres años, difícil es esperar que lo haga ahora. Y menos aún que aplique la autoinmolación, una vez que se ha perdido toda esperanza de darle la vuelta a los resultados electorales de las próximas elecciones generales de marzo del año 2012.
Descartada, en suma, la opción martirológica, es lógico suponer que Zapatero y sus compañeros de liderazgo en el partido quieran minimizar a toda costa la derrota de las próximas generales. Parece que fían alguna posibilidad de redención de la pena a lo que puedan hacer en los escasos nueve meses que restan hasta el límite máximo de la legislatura. Lo que está por ver es qué sesgo ofrecen para tratar de mejorar en las próximas generales los malos resultados de este pasado domingo.
Hay dos versiones contrapuestas: o una huida hacia delante recuperando las esencias socialistas mediante un órdago que desmonte el andamiaje de estos últimos meses que con tanto recelo se había construido para dar satisfacción a quienes no comparten sus ideas o, como segunda opción, culminar la hoja de ruta que le pusieron a Zapatero sus principales socios europeos y las principales instituciones económicas multilaterales. Lo que está claro es que sus pasos los van a seguir muy de cerca los inversores de todo el mundo, como este lunes se ha encargado de mostrar la evolución del diferencial de deuda o prima de riesgo, que se ha disparado hasta la zona de máximos históricos. Y que cualquier desviación o desfallecimiento se reflejará rápidamente en nuestras variables financieras, es decir, en el coste de la deuda y en la capacidad para emitir nuevo endeudamiento.

Pablo Sebastián
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
Primo González
José Javaloyes
Juan Chicharro
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
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