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Mientras tanto el presidente Obama acaba de anunciar duras sanciones económicas contra el régimen brutal de Damasco, al que han condenado los gobierno de Francia y Alemania y que está llevando a cabo una represión que es tan dura, o puede que mayor, que la desatada por Gadafi en Libia y dio pie a la intervención militar de la OTAN en ese país, tras la aprobación acordada por el Consejo de Seguridad de la ONU.
Las primeras sanciones americanas y las denuncias de las principales potencias europeas responden, con tardanza, al creciente clamor de la opinión pública internacional que veía en la actitud occidental frente a Siria una diferencia y clara discriminación frente a la respuesta militar dada en Libia por los aliados de la OTAN, lo que volvía a abrir la sospecha de que el distingo estriba en que en Libia hay petróleo y en Siria no.
En realidad, el problema Sirio es mucho mas complejo una vez que está mas lejos de la zona de influencia atlántica –Libia está muy cerca de la Unión Europea en el norte del Mediterráneo-, que cuenta con el apoyo de Irán y que tiene fronteras conflictivas con Israel país al que los sirios piden la devolución de los “altos del Golán” conquistado por los judíos en la guerra de 1967. Además, Siria linda con Irak, país de donde las tropas de los Estados Unidos están ahora en retirada y siempre formó parte del llamado “frente de la firmeza” de las naciones árabes radicales que se opusieron a los acuerdos de paz que firmaron Egipto e Israel en los tiempos de Sadat y Begín.
La confusa posición española
Mientras los gobiernos de Washington, París y Berlín ya denuncian las matanzas de Siria y el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, pone en marcha severas sanciones económicas y políticas contra este país, desde el gobierno español se mantiene un pasmoso silencio y una
incomprensible actitud, en línea con la confusión que ha imperado en el Ejecutivo de Zapatero sobre las revueltas de los países árabes, que dejan a España en evidencia ante su iniciativa de la Alianza de Civilizaciones al tiempo que se ha sumado tímidamente a la guerra contra Gadafi –pero sin participar en los combates-, o mientras ha intentado apoyar los regímenes de Mubarak, El Asad o incluso de Mohamed VI, y Bouteflika, con confusas entrevistas y visitas de la ministra Jiménez a estos países, e incluido el propio Zapatero que hizo una escala en Tunez nadie sabe el por qué y para qué.
El pasado 15 de marzo la ministra de Asuntos Exteriores de España, Trinidad Jiménez, se entrevistó en Damasco con el presidente sirio Bashar El Assad, cuando en este país no habían estallado con intensidad las revueltas, y no dudó en anunciar importantes reformas –“avances”, dijo- en Siria, añadiendo que cada país tenía que seguir sus ritmos porque tienen “circunstancias diferentes”, excusando así lo que se anunciaba como un proceso muy lento de reformas en el seno del régimen sirio.
Reformas y avances que han acabado en sangrientos actos de represión con centenares de muertos y heridos tras la intervención de las fuerzas de seguridad y del ejército de Siria, los que en el día de ayer han continuado con mas disparos a la población civil y han iniciado detenciones masivas de los insurgentes de distintas ciudades del país.