Llega la tormenta perfecta

Literalmente, da miedo. Asomarse a las secciones económicas de los medios de comunicación provoca un vértigo del que sólo están a salvo los ignorantes o los estúpidos. Estamos en el tercer año triunfal de la crisis y nada parece indicar la existencia de atisbos de recuperación por estos pagos, más bien al contrario. Los indicios esperanzadores anidan en Alemania, donde se han tomado a tiempo las medidas precisas, y en los Estados Unidos, cuya tasa de desempleo ha bajado espectacularmente hasta situarse en el 8%. Nada que ver con lo que vivimos en España, con un índice de parados superior al 20% y, lo que es más dramático, al alza.

La anunciada subida del precio del dinero esbozada por el conspicuo presidente del Banco Central Europeo, ha tenido, como repercusión inmediata, un espectacular incremento del euríbor que se sitúa ya en el 1,92%. Y lo peor, que siempre está por venir, es que los mercados sitúan el índice de las hipotecas en el 2,54% para final de año. Hablamos de un nuevo e importante obstáculo para la recuperación de nuestro país. La subida de los tipos hasta el 1,25%, va a complicar extraordinariamente la situación de empresas y familias con lo que la salida de la crisis va a tener que esperar bastante más de lo que algunos, tan bienintencionados como irresponsables, nos han pronosticado perdiendo una oportunidad magnífica para permanecer callados.

Los datos son tozudos e ineluctables: la gasolina supera ya los 1,30 euros por litro, todo un récord, y el gasóleo de automoción ha subido casi un 3% en tan sólo una semana. Asumimos ya que pagaremos más intereses por la deuda, tanto pública como privada, y que la apreciación de la moneda europea, tocando ya el nivel de los 1,4 dólares, dificultará nuestras exportaciones de una manera directa. Con este panorama y acercándonos a los cinco millones de desempleados, muchos se preguntan cómo no ha prendido en España una protesta en la calle como reflejo de la alarmante situación que se vive en el país. Una vez más la respuesta hay que buscarla en la economía sumergida que, según todos los análisis, ha alcanzado ya el nivel del 17% del PIB. Nuevamente las chapuzas, la facturación en negro, las contabilidades en “B” y, junto a ello, los cada vez más sofisticados instrumentos de la llamada eufemísticamente ingeniería financiera, han provocado que el descenso de los ingresos fiscales del Estado superé, a fecha de hoy, los 30.000 millones anuales.

Y en medio de la catástrofe, aparece Zapatero, con su imperturbabilidad habitual, y anuncia que el segundo semestre de este año va a ser la bomba, con una recuperación que se dejara notar y una tendencia favorable en lo que respecta a la creación de empleo. Como aquí hasta los niños de primaria saben que la economía tiene que crecer por encima del 2% para crear puestos de trabajo, la credibilidad del presidente está donde pueden imaginarse. El Gobierno va a presentar la decisión de desligar los salarios de la inflación en favor de la productividad y los sindicatos tragarán de nuevo, conscientes de que su nivel de influencia en la calle es cada vez menor. Para ayudar, MAFO, desde el Banco de España, exhuma la cantinela de que la rigidez salarial perjudica al empleo y las empresas optan por despedir a sus trabajadores eventuales, antes que bajar los sueldos de los fijos de plantilla. Como auténtica piedra de escándalo, con la que está cayendo, también hemos sabido que la retribución media de los consejeros ejecutivos y los principales directivos de las empresas cotizadas en el Ibex 35, ha superado en 2010 el millón de euros. Una desmesura que alguien debería de explicar.

Este es el paisaje. Desolador y turbio como las falsas promesas de recuperación. Por cierto: ¿qué habría que hacer con quienes nos anunciaron en su día “brotes verdes”, sin haberse retractado ni pedido perdón? Pues eso, sí. Eso que usted, ahora mismo, está pensando.