Nº 1134 -  21 / V / 2013 
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OPINIÓN

Lo que no nos llega

Daniel Martín
 

Nada más comenzar el puente de la Constitución, hace tres semanas, realicé, vía internet, mis compras navideñas, a saber, numerosos libros para regalar según sensibilidades y gustos. La mitad los encargué en una web inglesa; la otra, en una española; en los dos casos asegurándome de que el producto estuviese en stock para que no hubiese retrasos inoportunos. Hace diez días recibí el pedido británico, relativamente mucho más barato, incluyendo los gastos de envío. Sin embargo, el pedido doméstico, paralizado, no ha llegado para Nochebuena, aunque espero que sí lo haga para Reyes, cuando menos por San Valentín.

Lo peor es que, salvo un par de excepciones –Góngora, Galdós y Baroja, “A sangre y fuego” de Chaves Nogales–, si elegí versiones españolas fue porque el respectivo destinatario del libro no sabe leer en inglés. Aunque en España se publique una enormidad, hay muchas más y mucho mejores posibilidades en el mundo anglosajón. Y eso contando tan solo la Literatura en sentido estricto, porque si incluyésemos otras ramas del saber, humanísticas o científicas, lo nuestro caería en el ridículo absoluto.

La industria editorial española edita poco y mal. A autores de primer orden, como William Boyd o Richard Russo, se les edita irregularmente y traduce de forma pésima. A otros menores, como Bret Easton Ellis, se les da más cancha aunque “Suites imperiales”, su última novela, sea malísima, aunque lleve siglos, desde “Las leyes de la atracción”, sin escribir nada mínimamente interesante. De los clásicos extranjeros, se publican una y otra vez los mismos títulos, sin que aún tengamos acceso en nuestra lengua a las obras menos populares de, sin entrar en elitismos, Dickens, Balzac o Turgénev. Si no fuera por Alba, Acantilado o Salamandra, España sería un páramo literario cerrado al mundo, autocrático y autocomplaciente hasta la extenuación.

Pero ni siquiera ellas pueden abarcarlo todo. Hay dos autores que, después de algún tiempo guardados en mi egoísmo esperando una oportunidad para colocarlos aquí o allá, creo que deben darse a conocer al público español. Son geniales, únicos, imprescindibles.

Patrick Neate es un escritor extraordinario. Extraño y poco accesible en lo personal, como narrador no tiene parangón, ni ahora ni nunca, porque escribe cosas nuevas, muy entretenidas y llenas de humor. Este británico mezcla diferentes culturas para reírse de medio mundo mientras critica al otro medio. En “Twelve bar blues” recrea por un lado una especie de farsa sobre el racismo, la brujería y la erudición en un laberinto inacabable y divertidísimo que afecta a Europa, África y Estados Unidos; por otro, con gran seriedad, cuenta una historia de amor como excusa para ambientar inmejorablemente el nacimiento del jazz en Nueva Orleans. Es una de las mejores novelas que he leído en mi vida.

Neate ha escrito varias joyas más. Destaca “City of tiny lights” porque, contando cómo varios jóvenes ingleses de religión musulmana atentan en Londres contra intereses norteamericanos, se publicó pocos días antes del 7-J. Podría seguir durante horas hablando de sus novelas, caracterizadas sobre todo porque, siempre con un humor único –la aportación de los modos africanos a la ironía inglesa y la crítica anglosajona es completamente original–, es el único autor que ha conseguido convertir en amena y universal la fusión de culturas y perspectivas existenciales bien diferentes.

Otra autora no traducida en España pero magnífica e irrepetible es Kate Christensen, que no deja de crecer como escritora. Especialmente recomendable es “The epicure´s lament”, donde el plan de un misántropo de suicidarse lentamente fumando sin parar se ve desbordado cuando su vida comienza a llenarse de personas de su pasado a las que pensaba haber dejado atrás. Humor sobre la existencia en estado puro. Aún mejor es “The great man”, un retrato de un famoso pintor que, tras su muerte, consigue que su hermana, su esposa y su amante se unan en el desprecio y la incomprensión ante alguien admirado por todos a pesar de ser un completo canalla. Tiene más y muy buenos títulos.

Neate y Christensen, si fuésemos un país serio, podrían leerse en español. Serían magníficos regalos para cualquiera que guste de la lectura. Afortunadamente, están al alcance de los que sepan inglés. Para los que no sepan, pueden pedirlos mediante una web española y, mientras llegan, apuntarse a un cursillo rápido –o no– y después deleitarse con dos de los autores más originales y sobresalientes de nuestros siglo.

dmago2003@yahoo.es

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