Dos años después de su llegada a la Casa Blanca Barack Obama ha sido derrotado en sus primeras elecciones legislativas, donde los Demócratas, a pesar de que han conservado la mayoría del Senado, han perdido la mayoría de la Cámara de Representantes en beneficio del Partido Republicano y del movimiento ultra conservador del Tea Party que desembarca en Washington y que puede condicionar el futuro del propio Partido Republicano. El liderazgo “blando” de Barack Obama en la política internacional, y moralista y social en la política nacional están en el origen de esta derrota política especialmente condicionada por la crisis económica y el paro y por un presidente que se ha alejado demasiado de los problemas y sentimientos reales del país dejando a su derecha un amplio vacío que ha sabido ocupar el partido Republicano espoleado por el movimiento del Tea Party.
En tiempos de crisis económica y social como los que vivimos en todo el mundo los ciudadanos buscan líderes fuertes y decididos que generen una imagen de fuerza y de confianza y Obama no ha sabido transmitir nada de eso como en España no lo transmiten los liderazgos también blandos de Zapatero -en pleno declive- y de Rajoy que vive de los errores del PSOE pero que no consigue entusiasmar a las bases del su propio Partido Popular.
Sin embargo, la derrota de Obama tiene una trascendencia muy importante puesto que hablamos del presidente de la primera potencia del mundo, que a partir de ahora queda debilitado y tocado de cara a su posible reelección en 2012, aunque hay que recordar que algo similar le ocurrió a Bill Clinton en sus primer mandato en la Casa Blanca y que luego se recuperó y volvió a ganar con amplia mayoría las elecciones presidenciales. Un ejemplo que Barack Obama y los Demócratas intentarán seguir previa rectificación del actual presidente americano que deberá acercarse a la realidad nacional y a los sentimientos de los americanos para recuperar el liderazgo perdido y que en la escena interna deberá hacer gala de una presidencia más fuerte y menos blanda y moralista si quiere frenar su prematura decadencia y dar un vuelco a la situación.
De momento y aunque ha conseguido mantener la mayoría del Senado la posición del presidente Obama ante el Congreso ha quedado muy debilitada por la pérdida del control de la Cámara de Representantes lo que le obligará a renunciar a muchos de sus proyectos legislativos y reformas políticas y a pactar con los republicanos las nuevas leyes y la acción del gobierno, lo que sin lugar a dudas va a condicionar su presidencia.
Pero que se cuide también el Partido Republicano de su victoria porque el ascenso del Tea Party y el progreso de este movimiento populista y a la vez conservador puede crear problemas de control político y de liderazgo en las filas republicanas e incluso provocar el nacimiento de una tercera fuerza política en los Estados Unidos que debilite a los dos partidos tradicionales, pero especialmente a los republicanos lo que favorecería a los demócratas.
En todo caso lo que sí está clara es la derrota de Obama a tan solo dos años de su llegada a la Casa Blanca lo que le obligará a cambiar y rectificar en pos de un liderazgo nuevo y más sensible con el sentimiento nacional y mas fuerte (y menos multilateral) y decidido en la escena internacional. Pero sobre todo más eficaz en la lucha contra la crisis económica y el paro, el verdadero talón de Aquiles de Obama en este fracaso electoral.
Lo que, por otra parte, confirma que la izquierda sigue perdiendo elecciones en las naciones democráticas de Occidente en este tiempo de crisis social y económica y a pesar de que los autores de la crisis financiera que ha puesto en jaque a todo el mundo tienen su origen político e ideológico en el bando conservador. Pero lo que no han entendido los gobernantes progresistas es que las recetas para abordar la crisis económica son también conservadoras y exigen sacrificios sociales lo que provoca, como ha ocurrido en España, una resistencia inutil y social del gobierno y una posterior y obligada rectificación.