Hay maneras de hacer política y hay gobiernos y gobiernos. El presidente Obama, que cuenta con uno de los gobiernos más eficaces y cualificados del mundo, dio ayer una lección cuando, a la vista de las últimas noticias sobre la lentitud del crecimiento de la economía americana por debajo de lo inicialmente previsto y el aumento del desempleo, convocó una conferencia de prensa urgente en los jardines de la Casa Blanca y anunció medidas urgentes para ayudar a las pequeñas y medianas empresas de los Estados Unidos con una rebaja de la fiscalidad y toda clase de iniciativas para facilitar créditos a este sector de la economía americana del que ahora depende en gran manera el empleo.
En España se ha anunciado hace poco que han desaparecido un millón de empresas, y todo el mundo sabe que a los problemas de morosidad de las grandes empresas con los bancos ahora se añaden los de las familias y las medianas y pequeñas empresas sin que Zapatero y su equipo de gobierno, ahora de turismo por China y Japón, hayan sido capaces de adoptar este verano una sóla medida de urgencia, y siguen sin bajar los impuestos y sin conseguir que los créditos fluyan por el mundo empresarial español.
Es verdad que si miramos a la oposición americana, a la que ayer Obama pidió responsabilidad para aprobar en el Congreso las medidas urgentes que acaba de diseñar, observaremos que está levantisca y que en los últimos meses sufre la presión y el contagio de los movimientos ultraconservadores del “Tea Party” y de su aparato mediático que lidera la cadena Fox de TV, del magnate Rupert Murdoch, en cuyo consejo de Administración se sienta José María Aznar. Pero el Congreso americano y el Partido Republicano saben poner, en los momentos cruciales, el interés general sobre el interés partidista y cabe esperar que en este caso, al igual que lo han hecho en la reforma financiera y de sanidad, los republicanos apoyen las medidas de Obama.
En España las cosas van de otra manera. El presidente está por los suelos, su gobierno carece de credibilidad y la oposición es un misterio envuelto en un enigma. Para empezar tenemos un presidente que dijo que no había crisis y que eso era un invento de la derecha catastrófica, y a partir de vino ahí todo lo demás. Y la oposición del PP, que también tiene su particular “tea party” en las tertulias ultramontanas de radio y televisión, está sólo a verlas venir y a esperar a que se deprima o se derrumbe Zapatero. Mientras que la oposición de los nacionalistas vascos y catalanes, ajena a los destrozos que la crisis está provocando en sus respectivos territorios, están a sacar tajadas soberanistas a cambio de ofrecer balones de oxígeno temporales a este presidente agonizante que no sabe dónde va.
Es verdad que Obama no está en su mejor momento sino que sufre una baja de popularidad y se ha visto en la necesidad de recordar que la crisis y las guerras las heredó de George Bush. Pero en los Estados Unidos la presidencia, el parlamento y el gobierno funcionan y saben estar a la altura de las circunstancias y tienen como prioridad la defensa y el progreso de esa gran nación por encima de las batallas partidarias e ideológicas. ¿Cuándo veremos algo así en nuestro país? No se sabe, puede que nunca o puede que cuando la situación alcance cotas de alta tensión social. Las encuestas lo dicen muy claro: La clase política española está considerada un auténtico problema nacional.