Los socialistas esperaban contar con los votos del PNV para sacar adelante la reforma laboral en el Senado, no eran imprescindibles, ni el último recurso, pero suponían una buena señal para la suerte del Presupuesto 2011, escollo principal para Zapatero en lo que queda de legislatura. El PNV no apoyó a los socialistas por lealtad a sus hermanos catalanes de CiU, que optaron por la abstención ante el rechazo de alguna de sus enmiendas que propiciaban mayor flexibilidad para modificar algunas condiciones laborales.
Las enmiendas catalanas basculaban la reforma hacia el bando empresarial y los socialistas no han querido pasar esa línea roja aunque la ruptura con los sindicatos será irreversible durante unos cuantos meses.
Los socialistas no deben sentir aun desesperación parlamentaria ya que en ese caso hubieran aceptado las enmiendas catalanas. El PNV atendió a sus hermanos nacionalistas y dejó solos a los socialistas que compusieron una mayoría por el sistema de ponderación que resuelve los empates en votaciones de comisión.
Las relaciones entre socialistas y nacionalistas (vascos y catalanes, gallegos y canarios) son de extrema complejidad, siempre penden de un hilo, pero son imprescindibles para sacar adelante las votaciones importantes. En los casos límite el idilio funciona y los socialistas se llevan el gato al agua. Pero a medida que avanza la legislatura cada pacto es más laborioso e incierto.
Los del PP no han prestado el menor apoyo al gobierno para sacar adelante la reforma laboral, su estrategia es de no prestar ningún apoyo, ni aun cuando los populares reivindiquen una reforma semejante. Hubo apoyo en materia financiera y de cajas, pero responde a otros intereses y simpatías, que van por delante de la estrategia y la táctica. Para los populares el ideal hubiera sido el fracaso de la reforma laboral que hubieran interpretado como incapacidad del gobierno y motivo justificado para el adelanto electoral. No va a ocurrir, los socialistas han impuesto su reforma laboral por decreto y por ley con el rechazo de los sindicatos y del PP, pero con votos suficientes en las cámaras.
Pero estas son escaramuzas parlamentarias antes de la batalla final que se dará con el presupuesto 2011 que estos días ultiman en Hacienda y al que Zapatero dedica máxima atención y prioridad, tanto como para asumir la cabecera de la comisión de asuntos económicos y entrar a fondo en el debate.
Unos presupuestos que necesitan el apoyo nacionalista para salir adelante y no dejar al gobierno a la intemperie. Por eso el idilio de Zapatero con vascos y catalanes entra en fase crítica.