Nº 1655 -  24 / X / 2014 
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Marcello

OPINIÓN

Cascos y Gómez

Marcello
 

Aunque no son comparables en casi nada, en ideología ni en talla política, el ex vicepresidente del gobierno y ex secretario general del PP, Francisco Álvarez Cascos, y el actual líder del PSOE de Madrid, Tomás Gómez, tienen una cosa en común: sus respectivos líderes políticos Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero no quieren que ninguno de los dos sea candidato, por Asturias Cascos y por Madrid Gómez, a las presidencias de dichas Comunidades Autónomas. Y en ambos casos se utilizan como argumento las encuestas pre electorales y también el hecho de que sus anhelos de ser candidatos podrían crear problemas en sus respectivos partidos.

Lo de Tomás Gómez en Madrid se veía venir de lejos y tiene su origen en el enfrentamiento que ha mantenido en los últimos meses con el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, y ahora con el propio Zapatero que está empeñado en sacar del gobierno a Trinidad Jiménez para volcarla en la política madrileña con el argumento de que es “buenísima”. Pues si es tan buena ¿por qué la saca del gobierno en vez de promocionarla en el gabinete, a sabiendas de que Trinidad siempre quiso ser ministra de Asuntos Exteriores? Además ya está dicho en estas líneas que si de encuestas preelectorales se trata el primero que debería apartarse de primera línea de la política debería ser Zapatero, por esa y otras muchas razones.

Sin embargo el caso de Álvarez Cascos es más duro e inexplicable porque el asturiano no tiene competidor posible en Asturias salvo una camarilla de intrigantes funcionarios que ni comen ni dejan comer, que hablan de división del partido y que cuentan, se diga o no, con el apoyo de Rajoy y de su equipo directivo, especialmente Arenas y Cospedal. Aunque lo más grave en todo ello es el malvado silencio de Rajoy que tira la piedra contra Cascos y esconde la mano. Por lo menos Zapatero ha dado la cara y acaba de decir que Jiménez es mejor candidata que Gómez, pero Rajoy no tiene ese argumento, pero sí tiene el temor de que el que fue secretario general del PP y ex vicepresidente primero del gobierno, se haga con un virreinato del partido y desde allí refuerce las posiciones de los críticos a Rajoy, entre los que siempre estuvo Cascos y en los últimos meses muy cercano a las posiciones de Esperanza Aguirre.

Sin embargo entre las muchas cosas que separan a Cascos y a Gómez están dos importantes: la primera que Cascos podría ganar en Asturias donde gobierna el PSOE, mientras que ni Gómez ni Jiménez parecen estar en condiciones de derrotar a la presidenta madrileña; y la segunda es que si Gómez pierde definitivamente la partida, como parece, se quedará fuera de juego, lo que no es el caso de Cascos quien tiene mucho predicamento en el seno del PP, y además puede provocar todo un revuelo político nacional porque sus declaraciones y su peso en el PP y en la vida política y mediática española (la mayoría de los medios conservadores estarían de su parte), le podría acarrear graves disgustos a Rajoy, a nada que el líder del PP sufra el menor tropiezo, o empiece a perder peso en las encuestas.

Y la pregunta es ¿por qué no quiere Rajoy que Cascos lidere el PP asturiano si no tiene a otro candidato y además allí gobierna el PSOE? La relación de Rajoy y Cascos es mala desde que Aznar nombró al gallego como sucesor, como mala era la relación de Rajoy con Rato hasta que lo colocó en Caja Madrid, quitándose de encima a un potencial competidor por el liderazgo del PP. Un modelo de colocar a los adversarios que Rajoy se niega a practicar con Cascos, lo que ya veremos qué consecuencias puede traer si finalmente el ex vicepresidente de Aznar no logra su candidatura asturiana.

Y tendría gracia que Rajoy aceptara colocar a Camps al frente de la candidatura de Valencia, a pesar de todo lo que ha llovido con Gürtel y del juicio que tiene pendiente seguramente como imputado, y que vetara a Cascos en Asturias. Si esto llegara a ocurrir no sería de extrañar que en ese caso Cascos volcara su deseo de regresar a la política activa en la batalla nacional donde a buen seguro tiene un discurso más preciso y concreto que Rajoy. Y desde luego con mucha más capacidad de conectar con las bases y electores del partido, y ese es un riesgo que a buen seguro debería de preocupar al actual presidente del PP.

Pero Rajoy cree estar viviendo, y puede ser cierto, su mejor momento político y no por sus propios méritos sino por los deméritos de Zapatero. Y considera que su liderazgo en el PP en este momento es incuestionable y ha pasado el momento más difícil que fue tras su derrota en las elecciones generales de 2008. Pero que no se fie demasiado el de Pontevedra porque en este país siempre puede pasar cualquier cosa que altere el mapa político y electoral, y porque el de Gijón es un hueso duro de roer y una máquina de trabajar y hacer política. Desde luego más contundente y peligroso que lo fue Aguirre cuando pretendió destronar a Rajoy en 2008.

En todo caso estas dos incógnitas se van a despejar a la vuelta del verano porque a partir de septiembre España entra en una larga campaña electoral: elecciones catalanas en noviembre; autonómicas y municipales en mayo de 2011; y generales en marzo de 2012. Y la cohesión de los partidos es en este tiempo electoral que se acerca una perentoria necesidad.

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