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En esta web, Bean actualizaba sus entradas (o “tweets”) sobre su día a día y daba detalles de sus actividades cotidianas, entre las que se incluía cuál había sido su última comida o comentaba las series de televisión que seguía.
La anciana, que en internet empleaba el nombre de “IvyBean104″, se enganchó a Twitter tras haber cosechado otro buen número de seguidores en otro portal similar, Facebook, red social que empezó a frecuentar en 2007, y en la que se convirtió en toda una sensación.
Cuando la salud de esa británica empezó a deteriorarse, fueron los empleados del asilo en el que vivía los que se encargaron de actualizar el perfil de Bean, en el que informaban a los seguidores de la anciana de su evolución.
Su muerte provocó una respuesta inmediata en la red entre sus seguidores de Facebook y Twitter.