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Directora: Pilar Gassent - Nº 668 -  10 / II / 2012 
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Canto al pelo

La España de Simón Bocanegra

Aurora Pavón
 

Después del ensayo de pánico colectivo que nos ofreció la vicepresidenta Salgado con el susto en el rostro y trémula la voz para darnos la mala noticia de los cinco suspensos obtenidos por España en los exámenes de la banca europea que había convocado el loco de Zapatero, en la noche del sábado y para no perder el impulso del terror la segunda cadena de TVE emitió un dramático reportaje sobre el crack de la Bolsa de Nueva York de 1929, adornado con trágicas imágenes de la población acudiendo desesperada a las puertas de los bancos en busca de sus evaporados ahorros, las gigantescas colas del paro, el cierre de las empresas, y el imperio de la miseria, el hambre y la desolación. Faltaron, en el mejor estilo de Quentin Tarantino, los sesos estrellados en las aceras de Wall Street de los brokers que saltaban desde los rascacielos de la capital financiera del mundo para completar la sesión de espiritismo a la que nos sometió el abuelito Alberto Oliart.

¿Quid Prodest? ¿A quién beneficia todo esto? Solo cabe una interpretación: las cosas están tan mal que hay dejarlo todo, Zapatero incluido, como está. Es lo que se llama “de perdidos al río” en un país dotado para el deporte (Contador y Alonso triunfaron ayer en Francia y Alemania) y para la música (Plácido aclamado en el Real) pero dejado de la mano de Dios en el beneficio de la imperante mediocridad.

No resulta extraño que el director de Hola, Eduardo Sánchez Junco, haya fallecido en franca coincidencia con el nombramiento hortera de Belén Esteban como princesa de la telebasura. O que descubramos con cierto estupor que otro muerto ilustre, el Nobel de Literatura portugués y comunista de pro Saramago, haya sido condenado y multado por los tribunales por no pagar los impuestos en España. O que el gran católico y presidente del Parlamento, Pepe Bono, haya decidido separarse de su mujer, o que los “oscarizados” Penélope y Barden se hayan casado de “penalti” como decían los cursis tiempo atrás. O que Cataluña quiera prohibir las corridas de toros, mientras por las Ramblas se escuchan los vítores del pueblo que pasea en sus hombros al diestro José Tomas, al grito de Cármen, de “toreador, toreador”.

Basta con asomarse a los balcones dominicales de la prensa de papel para comprender lo que pasa, y como todos y cada uno de los actores del drama colaboran en la fiesta macabra de la mediocridad entre burlas y mentiras. Escribía de Zapatero en El País un tal Barbería disfrazado de periodista y entrevistador: “está claro que José Luís Rodríguez Zapatero es un consumado estratega del poder y un experto en el manejo de las personas y el control de los tiempos”. E imaginamos que desde Moncloa le habrán enviado un jamón con la misma rapidez que han ocultado en la web de presidencia la última portada del Financial Times sobre el suspenso de España en los exámenes de julio a la banca de la Unión.

Tampoco le va a la zaga el ABC que anuncia una entrevista a bombo y platillo una entrevista de su director con el líder de la oposición, Mariano Rajoy, donde no dicen nada ni el entrevistado ni el entrevistador. ¿Y Cascos? (pregunta). Responde Rajoy: “tengo una magnífica opinión de Cascos”. Pues no se nota. ¿Y Camps? Rajoy: “tiene el apoyo total de la dirección nacional del partido”. ¿Y Fabra? Rajoy: “es una persona de gran experiencia política”. Y de la moción de censura qué. Rajoy: “una moción de censura sin apoyos es lo contrario de lo que se necesita”. Es verdad, porque para hacer algo así haría falta un líder de la oposición y no existe. O sea que no hay nada que hacer salvo esperar. Y El Mundo ¿qué? Pues Pedro J., perdiendo ejemplares, tapando a Zapatero y tocando el violón. Es decir todos escurriendo el bulto y de perfil mientras sigilosamente se acerca el fantasma de la recesión.

Y la gente ilusionada camino de la montaña o el mar sin saber lo que se encontrarán a la vuelta de las vacaciones. ¿Acaso otro gobierno? Eso parece por las prisas que tiene Zapatero para dar el pasaporte al madrileño Tomás Gómez y colocar a la ministra Trini Jiménez como candidata a la Comunidad de Madrid. Al ex alcalde de Parla lo quieren inmolar, mientras Zapatero continua intocable porque como dice su obsequioso entrevistador “es un atleta de la política” que corre diez kilómetros diarios huyendo inútilmente de su mala sombra, y de su destino cruel. Aunque en sus páginas interiores el diario gubernamental le clava sigilosamente el puñal diciendo que no está claro que Zapatero vaya a ser el candidato del PSOE a las elecciones generales de 2012 diciendo que “en la elaboración de las próximas listas electorales se juegan o más de lo mismo, o la travesía del desierto”. Es decir: la gallina.

No obstante siempre nos quedará París con Contador vestido de amarillo, o Johannesburgo con el equipo rojo y cantando el alirón. O Caród Rovira jaleando en Barcelona el manteo de Montilla, que es lo mas parecido a un espía del KGB. Y por supuesto el triunfo inapelable de Plácido Domingo en el Teatro Real. Porque todavía resuenan por en los palcos y plateas los vítores y los bravos que Plácido acumuló en el estreno en Madrid del “Simón Bocanegra” de Verdi, donde el tenor actuando de barítono ofreció un espléndido espectáculo de canto e interpretación. El que convocó palmas encendidas y los gritos unánimes de “¡campeones, campeones!” un eslabón de la esperanza y la ilusión que había retumbado en toda España con motivo de la victoria de la Selección en el mundial de Suráfrica. Un mágico lugar donde estuvo Plácido tras escapar de su particular purgatorio y dolorosa enfermedad y desde ahí y tras ser aclamado en otras capitales el tenor regresó a Madrid en el papel del Corsario Bocanegra quien, convertido en el Dux de Génova, salva su república de la guerra y proclama el amor y la paz en los tiempos difíciles y belicosos del medievo italiano. Tiempos a los que los españoles de hoy, lamentablemente, tenemos poco que envidiar. ¿Dónde está aquí y ahora el Corsario salvador de la piel de toro plagada de rejones y banderillas por la que corre dando cornadas un morlaco bravo y acorralado que se llama Ratón? Nada, no se oye nada, ni en el horizonte del mar se divisa una vela blanca que anuncie la llegada de un líder que nos pueda salvar. Hace ya más de quinientos años pisó estas tierras un marino genovés pero se marchó a toda velocidad a descubrir las Américas porque lo debió ver por aquí no le acabó de gustar.

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