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Directora: Pilar Gassent - Nº 663 -  5 / II / 2012 
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Marcello

OPINIÓN

España, a la conquista de Sudáfrica

Marcello
 

Allí van los bravos muchachos de la Selección nacional de fútbol, los veintitrés de la fama con el impasible entrenador que los manda. Hoy se despiden de España como los héroes y dueños de los sueños deportivos de millones de españoles y de muchas esperanzas en este tiempo de malas noticias, de paro, desolación, pérdidas de ahorros, y deudas por doquier, donde la clase política no está a la altura de las circunstancias. Son nuestros “últimos de Filipinas” un equipo de jóvenes guerreros y malabaristas del balón, un equipo de filigrana y casi de porcelana al que esperan con respeto y decidida agresividad los viejos cocodrilos del campeonato mundial de fútbol, las escuadras de Brasil, Argentina, Italia y Alemania, que ya tienen entre ceja y ceja a los chicos de la camiseta “roja”, los ratones colorados del la Eurocopa, el núcleo duro del Madrid y del Barça.

Siempre se ha dicho que en este campeonato de fútbol el favorito es Brasil, la alternativa es Argentina, el tapado es Italia, la sorpresa puede ser Inglaterra, y el ganador suele ser Alemania. Pero esta vez a los cinco grandes de la historia de la gran cita del fútbol se le añade el nombre de España, favorito en muchas quinielas. El equipo que juega bonito, limpio y no hace trampas, y que está en los ordenadores de sus principales adversarios que tienen en estudio la manera para frenar la marea roja, por las buenas –controlando el centro del campo por donde los rojos hacen circular el balón como su fuera de su exclusiva propiedad-, o por las malas, con el fútbol de las malas maneras y las peores entradas.

En este campeonato hay mucho en juego, y no solo el dorado trofeo del mundial, y la fama y la oportunidad histórica de tan excelente Selección. Está en juego la posibilidad de que millones de españoles se vayan de vacaciones con una  espléndida sonrisa, de que el gobierno –el que se va y el que está al caer- consigan un remanso o un paréntesis de paz, de que el nombre de España tan venido a menos en los mercados, en el turismo, y en la escena internacional, gane puntos y cotice al alza si las cosas salen bien y se completan en Sudáfrica los espectaculares triunfos de Nadal, Gasol, Contador, Alonso y Lorenzo.

¿Qué puede pasar? Una derrota en la primera ronda de clasificación sería un desastre para todos. Y lo mismo pasaría si la Selección no rebasa de los octavos de final, donde podría encontrarse con uno de los grandes, como Brasil. Caer en cuartos contra otro de los malditos (Alemania o Italia) sería una decepción tampoco esperada, un casi aprobado por los pelos que iría acompañado de discursos de la mala suerte y el buen juego, aunque ya se sabe que en el mundial no valen las filigranas sino los goles y las victorias, por injustas que sean. El notable alto nos llevaría a la semifinal y el sobresaliente a la final tan soñada. La ansiada victoria del campeonato sería la matrícula de honor en este examen de larga duración y muy difícil de superar, porque los demás también pelean y traen grandes jugadores, finos estrategas y afiladas las espadas.

Los chicos de “la roja” ya saben lo que les aguarda, pero tienen un punto bastante débil: no están acostumbrados a perder, ni a ir perdiendo los partidos (aunque en alguna ocasión ya superaron esa prueba). Están acostumbrados a dominar y a llevar la delantera y la iniciativa en el partido, y no parece que Del Bosque sea un mentalista de la fuerza –como Luis Aragonés, o que tenga el carisma de Guardiola-, aunque la fuerza mental es la que atesoran cada uno de ellos y todos en conjunto, porque su arma secreta es precisamente esa, el espíritu de equipo y de permanente colaboración sin predominios unipersonales porque el estrellato de esta gran Selección está muy repartido y no brilla con especial intensidad en los matadores del área, en los estrategas del centro del campo, ni en su sólida retaguardia. El secreto de España está en la calidad de cada uno y en la estrecha colaboración entre todos, sin que nadie sobresalga más que otro. Lo vimos en el último partido contra Polonia, un adversario desarbolado y facilón, donde la escuadra española jugó y trabajó de manera atenta y sincronizada. Ahí está el secreto y la capacidad de victoria de España. Si controlan bien todas las emociones y como los famosos mosqueteros de Francia juegan a “todos para uno y uno para todos” tendrán la oportunidad soñada de alzar la copa de oro y de traerla a España.

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