La política nacional se desliza al exceso y la pasión, una forma de furia y rabia; los unos niegan las evidencias y los otros se dejan arrastrar hacia la ofuscación. El debate apasionado entre dirigentes socialistas y populares a cuenta del velo de una adolescente que quiere vestir esa prenda en clase, en un colegio público de Pozuelo, es prueba de la ofuscación. Y el rechazo desde Madrid de los panfletos contra los inmigrantes rumanos que repartían en Badalona dirigentes populares demuestra exceso y descaro. Y el caso Bárcenas también escala el descaro.
Ese vehículo con conductor del PP puesto a disposición de la mujer de Bárcenas para acercarse al juzgado a declarar parece un caso menor, irrelevante como dicen los dirigentes de la calle Génova, pero se convierte en muy relevante por lo que tiene de descaro y de desorden en esa casa. Se llenan la boca reclamando austeridad y control del gasto público, pero no miran dentro de casa, para reclamar a los demás virtud hay que empezar por practicarla uno mismo. ¿Qué control del gasto existe en una casa donde los coches con conductor, que cuestan una pasta, se ponen a disposición de encausados que han salido, aparentemente por la puerta de atrás.
Quizá Bárcenas no ha salido a empujones, quizá solo estamos ante un disimulo procesal. Porque ¿sigue en la nomina del PP el exsenador y extesorero? ¿Han tramitado su baja en la Seguridad Social? ¿Han rescindido el posible contrato laboral o mercantil? ¿Cuántos salarios cobraba, en que cuantía? ¿Todo blanco y declarado? Son demasiadas preguntas las que surgen a la vista del desorden y de la dificultad para tomar decisiones elementales. En cualquier empresa los directivos que pierden la confianza, que abusan de su posición, salen con expediente disciplinario, con despido inmediato que ya se verá si es procedente o improcedente.
Estos políticos que predican austeridad, rigor, seriedad se olvidan del discurso en cuanto dan un paso adelante en sus organizaciones, no predican con el ejemplo. Niegan tener algo que ver con los panfletos de Badalona cuando las evidencias son todo lo contrario. Ni siquiera intentan una explicación más convincente, niegan la evidencia… y punto.
El desarrollo del caso Garzón también circula por la calle del exceso. Lo que es una venganza judicial interna se convierte en acumulación de ajustes de cuentas diversos que sirve de excusa para agitar fantasmas históricos de la peor de las menares. Las acusaciones (mal llamadas) populares que intervienen en el caso sirven para demostrar como unos pocos pueden agitar y ofuscar a muchos.
Las declaraciones de fin de semana de los secretarios generales o de organización de los dos partidos son como para desalentar a sus votantes más leales. Las repiten hasta la nausea todos los medios, como si fueran cuñas de obligada inserción, aunque carecen de valor informativo más allá de desalentar al ciudadano.

Pablo Sebastián
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
Primo González
José Javaloyes
Juan Chicharro
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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